domingo, 11 de noviembre de 2018

Llueve

Me acostumbré a vivir sin pedir. Solo lo hago de vez en cuando, por la noche en mi cama con la sábana tapándome hasta la cabeza. Ahí pido ser y estar y tener no sé qué. Enseguida se me pasa porque hace tiempo que sé que la película no funciona así. Que cuanto más me empeñe en querer lo que no está, más dolor sentiré cuando no llegue, cuando no aparezca, cuando me estrese corriendo alocada hacia el futuro donde quizá sí, lo tendré. 

Luego hay ratos como este. Aparece una idea, luego dos, luego tres, y ahora, ya ves, la cabeza llena de títeres. Si estuvieras aquí, si hiciéramos el amor, si hubiéramos aprendido a cuidarnos. Los dos me refiero. Bueno, vale, tú, que yo eso ya sé hacerlo.

¿Sabes todas esas escenas de películas americanas que ñiñiñi? Pues esas. Y ni directora del cuento ni actriz principal, es como verla en netflix sin que ni siquiera funcione el pause en el mando.

Un porculo, vamos. Una jodienda. Otra ola que arrasa con este momento llevándose lo aparentemente construido hasta hoy. Aunque sepa que es mentira, se lo lleva, vaya si se lo lleva. Hasta que la calma lo vuelva a traer. Digo yo.


Pobres los que sueñan

La belleza de las pequeñas cosas, dice subiéndose a su jaguar color azul poseidon veneno mortal en tono mate. La belleza, dice, con su boquita de tiburón y el bolsillo lleno de papeles del mismo color que el coche. ¿No la ves? Está también en eso, en las piernas del rico al que tanto odias doblando sus rodillas, dejando caer el culo en los asientos de cuero beige con tintes de piel de ciervo del que luego tú te comes en navidad. 

No dejes que naveguen en ti quienes quieren dirigir tu mirada hacia las vísceras de una sociedad empobrecida de valores. Si quieres conseguir dinero para el jaguar y para la piel de los asientos y para el iphone y para la botella de vino de mil novecientos setenta y tres, hazlo libre. Hazlo si lo has pensado y analizado, si sabes que allí, cuando llegues, el tú que quiso conseguirlo va a ser el mismo que lo consiguió. Invierte en todo lo que no pueda llevarse un naufragio. Ve a por ello, fórrate, se asquerosamente rico en pasta y prestigio. Hazlo libre. El que lo quiere conseguir ya es tan rico como el que lo conseguirá. 

Si sabes eso, todo lo demás da igual. 

La templanza y otros básicos

Le hablo de templanza y me dice que le suena a una peli del oeste. 

-Subnormal, eso era Bonanza.
-Ah, yo qué sé.

Supongo que es algo así, esconder términos, desterrarlos del entorno. Supongo que todo aquello que requiere reflexión y mirar adentro y bajar el ritmo y aminorar la velocidad, nos lleva desbocados a recuerdos más livianos, a palabras más frescas. 

-No me compliques la vida que bastante tengo yo con trabajar treinta y tres horas al día. 

Me quedo allí, curiosamente inundada por el término que intento explicar. Podría arrancarle la cabeza ahora mismo, podría zarandearlo hasta ver caer los ojos, el pelo, uno a uno los dientes. 
Pero echo un vistazo a la existencia, es simple, solo presto atención a mis pies apoyados en el suelo, al impulso lascivo que parece adueñarse de lo que soy, a mis ojos buscando otras órbitas. La conciencia hace el resto; frena los impulsos. El caballo encabritado está bajo el mando de las riendas de un jinete que soy yo.
Yo manejo, yo dispenso, yo tengo el mando. 

La templanza, qué bonita palabra, qué difícil tarea cuando el mundo parece un circuito de fórmula uno y dos y trescientos coches circulando a la vez por la misma vía. 
La templanza; saber tirar del ronzal, agitar con el brío preciso el pescuezo del animal que galopa salvaje. 
La templanza, como la hora a la que ve mi padre las pelis del oeste, la siesta, donde todo para, donde todo se ralentiza. Que la calma no es solo permanecer quieto, es saber arrojar la fuerza precisa para que el mundo sea nuestro y no nosotros del mundo. 


jueves, 8 de noviembre de 2018

Evolución

Es que ando entre los extremos del mismo péndulo. Claro que creo en la reinserción de los que fuimos idiotas. Pero también creo que si a un idiota le gusta serlo, no va a cambiar vengan las revoluciones que vengan. 

Y entonces me pasa eso, lo que me pasa otras veces, que desde un lado a otro hay un montón de cuerda en la que mecerse, y quedarse y columpiarse. 

Mírate, por ejemplo, pongámonos en el suelo y te cuento por qué digo toda esta mierda. Yo aún creo que llevas dentro otro modo de plantarte en la tierra, en el mundo, en el entorno. Y hay días en los que mataría por demostrar que es cierto y otros que, mirándote, me voy al otro extremo; este tío es gilipollas y lo primero que debería hacer yo sería asumir eso. 

Pero claro, somos tal maravilla de versos y cadenas y puñales y estacas y flecos que ahí andamos, situándonos según nos parezca. E intervienen las ganas, los deseos internos, lo que consideramos correcto, la libertad del otro, la mía, la que formamos juntos, las dudas interminables que genera caminar acompañado y todo ese embrollo de arcilla, ideas, emociones y tiempo. 

Así que ya me dirás si rendirse, de nuevo, es la elección o si por el contrario sería bueno quedarme, contigo, para testificar que es posible la evolución de los idiotas. 


El cumpleaños de mi padre

A mi padre y su mirada crítica, a la exigencia personalizada, al que saca defectos y faltas. 
A mi padre, al que le cuesta ensalzar las victorias por haberse acostumbrado a mirar las derrotas. A mi padre que tanto ha inundado mi vida de historias que tuve que resolver en trescientas terapias. A mi padre cumpliendo hoy los setenta y ocho, con cita en el dentista porque se le desgastaron los dientes de tanto morder las circunstancias. 
A mi padre con jersey fino en invierno, al que suda un océano en verano, al de las sobremesas diciendo una cosa aunque por la noche diga otra porque no es río y vuelve atrás para coger la fuerza que tuvo, las ganas que tuvo, la senda que anduvo. A mi padre resolviendo problemas, al que está ya bastante cansado de salir a la palestra. Al que ve pasar la vida preguntándose de vez en cuando qué hace en ella. A mi padre y su amor por mi madre, encerrado, pocas veces aireado, con formas diferentes para expresarlo, al que se reconoce porculero e intenta no serlo. Al patriarca que vivió una vida como cualquier otra pero que lleva la suya con honor, honradez y palabra. Al que habla y cuenta batallas y guerras, lo que significa caerse y estar perdido y saber dejarse ayudar por su compañera de camino. A mi padre que cumple unos cuantos y al que aún le quedan muchos. 
A mi padre, felicidades a mi padre, con todo lo que eso conlleva y significa, saberme marcada por su presencia y llevar dentro su esencia, la buena y la menos buena. 

A mi padre escribo esto llorando, porque no siempre tiene uno las agallas de escribir en un párrafo la falta de amor que sentí mientras él trabajaba y trabajaba y trabajaba y traía dinero para que nada me faltara, aunque no supiera quién era yo ni lo que me habitaba. 

Felicidades a mi padre, por evolucionar un poco conmigo y esforzarse en entenderme aunque no todas las veces lo consiga. A la vida, felicidades también a la vida, por escogerlo como ser humano perfecto para presentar el papel de padre adecuado para que yo desarrollase mi guión como persona.

Felicidades papá, siento no poder regalarte un mercedes último modelo, ser pobre por fuera tiene estas cosas, que uno ahonda dentro para encontrar la verdadera riqueza. Y desde ahí es de donde te escribo todo esto, espero sea suficiente para ti como regalo de cumpleaños.