viernes, 21 de septiembre de 2018

Now

Incluso sin destino, sin lugar aparente al que dirigirnos, incluso sin saber si esta noche habrá noche y madrugada y sin saber si quiera si mañana, si por la tarde estaremos vivos, aquí sigo.

Hago de este amor la meta y la llegada y el punto de salida. Que lo importante es la senda y que pesa menos desde dónde y hacia el qué, cuando todo lo que eres por dentro es un trocito de vida. 

Aquí, ahora, escribiendo esto sin pasar por el filtro, sin mente y sin nada preconcebido. Surgen los dedos, teclear, el sonido de las letras y unos ojos mirando lo recién parido. 

No sé qué soy y nunca encontré ni una sola respuesta a todos los porqués del camino. Mas sé que si ahora mismo muero todo estará bien, como también estará bien el hecho de seguir vivo. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

He diseñado un juego

En mis tragedias y absurdos dramas hay un ancla oxidada que se adhiere a mi propia tierra. Conozco a quien construyó los repetidos laberintos en los que me pierdo y que tanto nombro. En el centro de la esfera en la que se mueven mis certezas hay un eslabón de titanio que anida en mi propia memoria. 

Soy yo deambulando en el lodo, asimilando proezas, descartando suicidios, allanando las sendas. Soy yo y nada tienen que ver los de fuera. A quien amo, a quien quiero amar, son solo la ropa que lleva puesta el psiquiatra de dentro. 

Da igual dónde decida enredarme, está dentro el cerrojo y la propia llave. Las tengo todas, todas las llaves tienen muescas que yo misma tallé. Pero hay una que no encuentro, un trozo de hierro y madera compacto que no consigo esculpir. Esa. Es esa que no conozco, esa parte de mí que me ayudará a salir de esta (hasta la siguiente) última celda.

Y mientras aparece, mientras encuentro, mientras aprendo, escribo esta mierda. Por si fuera este un buen instrumento para redondear la entalladura de la llave interna. 

sábado, 15 de septiembre de 2018

Ojalá un joystick en este juego

Ojalá pudiera quererte así, del color que tú me miras a mí. Ojalá las ganas hechas para abrir el vino y el corazón dispuesto como donde yo te llego. Ojalá ver lo que eres y llenar de química este laberíntico aspecto donde anidan los versos y el eco y el parpadeo con los ojos abiertos. 

Ojalá sentir igual, el vértigo de no verme, de no poder, de no cenar y desayunar y quédate a dormir, si total ya mañana te vas.

Ojalá el timón para este tramo del velero y allanar el rastro que dejo, y saber hacia dónde dirigir el paso, y firmes y directas y certeras todas las ganas, todo este frágil esqueleto.

Ojalá arrinconar el devenir. Y cuando la arena se mueva saber que tú siempre, que tú claro que sí, que vas a mecerme, que tú las caricias, que tú cuántas palabras. 
Ojalá pudiera quererte así, del azul con el que tú de vez en cuando me lloras. 




Y eso que... tan solo es un puto circuito neuronal

Y entonces, así porque sí, mientras miras una serie y lees y dibujas, un ojo se pone a mirar fijamente todo aquello de lo que carece. Mira un abrazo y una conversación y una caricia y lo que hace el pelo en tu cara cuando alguien lo toca. El ojo, a tu vera, emerge de entre aquello que te entretenía y se aleja del centro. Se coloca allí, bajo un párpado bien abierto, saltando de una ausencia a otra. Se divierte, juega, surfea la oscuridad y te la muestra. 

Y había luz, había calma, había nubes y una emoción aún no nombrada. Paciente, toda yo esperaba sin esperar, que todo eso cogiera un verbo para poder decir a qué me dedicaba después de haberlo sentido grande y ancho por dentro. 

Y ya ves, el ojo despierto, el ojo audaz, el ojo revuelto. Estaba en las nubes, no sé, eso dicen. Estaba en un lugar en donde mi propio cuerpo se me quedaba pequeño para tanto bueno y bello y suelto y pasajero y profundo y esbelto. Pero ese ojo, ese maldito ojo rebuscando entre los cojines del sofá los versos más tristes para poderlos vomitar. 

Venció. Me venció. 
La mirada dulce se repliega, se arruga y se esconde. Ya no está.
La otra, la fúnebre se crece, se despliega. Se queda.  

Ficciones y otras realidades

Sigo sorprendiéndome, ¿cómo puedes no quererme? ¿cómo?

Y ahí me quedo, colgando de la cola del viento y otras moñerías parecidas que podría contarte. En la cola del viento, que si cuidado con el tornado, que si soy una veleta, que si no me sostengo, que si... Nada, que sigo sin entenderlo. 

¿Cómo puedes no quererme? Mírame, soy un gesto andante, una mueca para hacernos reír, una canción, un hombro, un baile, un café, agua mineral, todos los paisajes más bonitos que puedas imaginar y un inolvidable polvo. Soy elegante, lasciva, llorica, obsesiva y tremendamente interesante. ¿Qué te ocurre? ¿Qué está pasando? En los libros leí 'solo te querrán cuando ya te quieras tú'. Que me devuelvan la pasta, que me den mi dinero, ¿qué está pasando? Yo ya me quiero y aquí sigo sin ver resultados. 

¿Cómo puedes no quererme? ¿Qué cojones haces? ¿Dónde te entretienes? ¿No lo ves? Que estoy aquí, como mujer resuelta, avispada, con ganas, con su vértigo en las piernas, con su carmín, con su vestido corto, con su canesú. 

Sigo sorprendiéndome, ¿qué me está pasando?, ¿qué me está ocurriendo? ¿cómo puedo seguir queriéndote? ¿cómo?

Y ahí me quedo, colgando de la cola del viento y su puta madre con el pelo revuelto.