domingo, 23 de junio de 2019

Cerebro laberíntico, mente diáfana

Puede que mi cerebro sea un laberinto, una manada de serpientes enfurecidas, inquietas, exaltadas, pero es mi mente una vasta y espaciosa ladera verde donde todo cabe, donde todo surge. 

Puede que me enrede en reflexiones que pocos entienden, pero más arriba del escenario que muestro, están regados todos los afluentes, los que he surcado y los que serán descubiertos. 

Puede que creas que pierdo y que me pierdo, que pienso demasiado como dicen los de lejos, pero detrás de todas las capas de algas sigo abierta de brazos y piernas en el océano inabarcable, en la ilimitada vía, en el espacio inagotable. 

Puede que esto tampoco llegue a los que ven límites y abundantes pliegues, pero me sirve a mí de referencia cuando no hay ni un solo hito que me guíe. 

jueves, 13 de junio de 2019

Cuando no

A veces sin alas y aún así emprender el vuelo cuando suena el despertador. Conducir con dos brazos automáticos, con la cabeza mirando por el retrovisor. Desayunar de manera autónoma, levantar el codo, tragar, bajar el codo. 
A veces mirar los árboles, querer morirte de repente  y volver a ser ellos. Y danzar y mecer a los pájaros y albergar nidos de gorriones pequeños como mi sobrino Leo. 
A veces desentenderte de las ideas, del oxígeno, convertir la magia que hace latir tu corazón en cualquier otra forma menos dañina, menos pesada, más liviana, menos cansada. 

A veces, hoy, y un ratito ayer por la tarde, querer probar a ser otra cosa, otra aparición, otros límites, una flor, un sombrero, un gato callejero. 

Que me dé por beber, por robar, ir a una cárcel diferente a esta, comer a las dos, leer, correr en el único lugar donde da el sol y estudiar todas las maneras de escapar. Como ahora pero con uniforme alrededor. 

A veces esta desesperación de no saber qué hacer para rendirme, para descansar de verdad. 


miércoles, 12 de junio de 2019

Cuando no llamas trabajo a trabajar

Ser lo que soy en todos los lugares que frecuento. Dibujar aquí, allí, en medio de ninguna parte. Escribir, hablar, compartir, reír, escuchar. Diseñar, crear algo nuevo, pintar, montar videos, encargar, charlar, observar los alrededores, transcribir, traducir, macetear. 
Todo eso hago porque todo eso es lo que soy. Y me siento grande y amplia y en calma. 
Lo único malo, lo único que no hago es 'cobrar'! Ja!

¿Alguien me puede decir por qué es tan incompatible ser lo que eres, dedicarte a lo que surge, sale, nace y te llena, con recibir dinero por ello? ¿Alguien sabe por qué el paradigma, por qué la creencia, por qué el sistema, por qué el desastre?

El por qué de la incongruencia de sí recibir dinero por aquello que no te gusta, que no te divierte, que no te mantiene vivo y alegre y tranquilo y sin embargo uno no puede dejar de mirar la cuenta porque la cuenta no se llena cuando haces lo que eres y eres lo que haces? 

Estoy enfadada. Y frustrada. 

lunes, 10 de junio de 2019

Viajes gratis

Me he mudado a Madrid. Voy con mi sobrina Ada, ella estudia allí Derecho y yo hago viñetas y preparo el próximo libro. He ido a una conferencia para hablar de las verdades incómodas, del desamor y de cómo reponerse a las mierdas abundantes. Luego era de noche y quedábamos con Estefanía para cenar en la terraza esa que tanto le gusta. Vivimos en una casa en la que predomina el verde, el de las macetas y el de la esperanza. Le he dicho adiós a todo este desastre del pasado, a ti, te he dicho adiós a ti, por noveninogenésima vez, que no existe pero en este adiós sí. 

Me he mudado a Madrid, creo que era esa ciudad, pero podría haber sido Marbella, Granada o Puçol. Estaba Isabel también aunque no ha podido venir a merendar. Y Ángel recogerá a María el fin de semana para subir. Actúa en el teatro central. No sabemos dónde está pero ya nos guiaremos con la gente de por aquí. 

Me he mudado esta tarde, hace un rato, en cinco segundos escasos desde el sofá. Eso he tardado en abrir los ojos y volver y en ponerme a escribir. Cuando no tienes dinero para hacer lo que te gustaría hacer, el parpadeo no falla, siempre te da lo que quieres encontrar. 

sábado, 8 de junio de 2019

Huir de lo imaginado

¿Sabes? Hay quien sale corriendo cuando empieza a oír rugir al lobo. El de dentro, me refiero, el que abre puertas y toca cascabeles y abre presas y diques y puentes. Hay quien sale corriendo en los previos, en el antes, en el por si acaso. Quién no se atreve ni se arriesga y prefiere atreverse y arriesgarse a morir a cada instante mientras sigue, tan inquieto, respirando. 

Hay quienes cuando le tocan el vértice izquierdo de los latidos, prepara las piernas y las alas y en la carrera deja desmembrada la carne nueva que iba a parirse allí, en el descampado de los amores si se hubiera quedado. 

Hay para quienes es incómodo el desnudo integral de emociones descubiertas, quien tiene miedo a lo que ni siquiera ha vivido, a quién imagina un monstruo en las relaciones íntimas y no se da cuenta de que el director que creó la película es el mismo actor que ahora corre despavorido. 

Hay quienes no se quedan en los acantilados porque no saben que apenas eran bordillos de aceras de carreteras de arena. Quiénes se esconden, huyen y sin embargo alardean de amar la vida más que a sus propias suelas. Pero es mentira todo; ellos y los ellos que hubieran descubierto de haberse quedado, enamorados, al descubierto.