viernes, 13 de julio de 2018

Declaraciones

Tuve que ir llenando todos los vacíos de la ciudad con lo que se me iba ocurriendo. Una cancioncita, tres helados de chocolate, ocho millones de bolsas de pipas. Todos los bares a los que íbamos se quedaron huérfanos de magia. Ya sabes, la mierda esa que ocurría cuando íbamos juntos, de la mano, de los pies, del corazón. Pues eso. Pasé un montón de meses haciendo de tapón para que no se me salieran por la traquea los agujeros. Pensarás: "los agujeros no pueden salirse, son agujeros". Qué sabrás tú de huecos y antorchas apagadas y del silencio de lo que iban a ser aquellos fuegos artificiales. 
Y nada, lo que te digo, que todo aquel tiempo en el que llamaba a conocidos para que hicieran de relleno en los túneles, en los arcenes, en los trasteros, tuve complejo de sábana blanca. Lo cubrí todo, la casa llena de sábanas para que no se llenase de polvo lo que ya era un desierto. Y mira que hay arena en los desiertos, pues igual los cubrí para que parecieran velas de barco en vez de aquellas navajas afieladas en el cuello. No siempre salía bien porque al final yo terminaba viendo fantasmas por todas partes en lugar de las putas sábanas blancas recién lavadas. 
Y nada más, si yo sólo quería decirte eso, que lo conseguí. Que lo llené todo de mí, de mis cosas, de mi mundo, de mi sonrisa happy flower y de un montón de lágrimas que estrujé. Oye, que ni una me quedó para vos. Todo cubierto, todo bien, todo en orden, todo perfecto sin ti.

Y nada, que qué querías, eres tú el que ha llamado. 

jueves, 21 de junio de 2018

El vagabundo que sólo pedía nada

Los vagabundos hace tiempo que perdimos la fe en recibir aquello de lo que carecíamos.
Nos acostumbramos durante tanto tiempo a las ausencias y los agujeros negros, que a decir verdad, no sabríamos vivir con el corazón más lleno. Por eso los gritos de auxilio, por eso los vertederos llenos de nuestros propios besos. Por eso un tanatorio haciendo de puente entre nosotros y ellos; los miserables.
La limosna que pedimos los soñadores siempre son las emociones, qué curioso, de los mezquinos del amor. De los huraños que tan cariñosamente tratan su propio armazón. De los tacaños del verso, del abrazo, de los cuidados básicos. De la pasión. 

Los vagabundos somos tercos y generalmente olvidadizos, obviando que los avaros andan siempre en jornada de puertas bloqueadas mientras nosotros izamos velas, abrimos cortinas y mostramos íntegramente todos los huesos. 

Y también a nosotros, los indigentes, nos basta cualquier nube para hacer de ella un techo seguro donde resguardarnos de todos los inviernos. Sabemos que somos enteros, que somos completos, pero nos divierte jugar al vacío de alguna de las partes para que sea más entretenido el íntimo verano que siempre llevamos dentro. 

miércoles, 6 de junio de 2018

En el espejo se veía todo


Siempre ha sido esa la verdad más verdad de todas las apariencias verdaderas. 
Que somos el todo mucho antes de ir buscando las partes. Que somos la inmensidad misma creyendo no serlo, jugando a despedazarnos en trocitos de yeso, de estiércol, de almendras, de besos. 
Desmigándonos en millones de perlas dentro de la cabeza rígida de un alfiler de carne y huesos. 


Siempre lo he sabido, aunque no siempre lo recordase. 

Nos confunde el humo espeso, los seres humanos más densos, la forma que adquiere el paso en elste milagroso paseo. Pedir aquello que olvidamos tener. Pedir el amor que creemos que nos falta. Llorar con sonoros golpes de pecho. Muy rendidos, muy perdidos, muy abandonados. 

Siempre somos el sol. Y luego las nubes en medio. Siempre tengo el amor que me desborda. Y luego los corazones en los que me vierto esperando que broten gigantes chorros de agua donde beber sedienta. Esa mentira es la que acaba con lo más verdadero. Creer que ese agua ajena va a calmar la sed interna. 
Cuando también esa sed es la mentira más mentira de todas las falsas apariencias. 


domingo, 3 de junio de 2018

Uno y uno no son un par

Me dijo, no sin cierta vergüenza, que prefería que no fuese a compartir unas cervezas con sus colegas alquilados para la ocasión. Me dijo, días atrás, '¿no pensarás que antepongo otras cosas a nuestra relación?'. Me dijo, el martes anterior que al final no podíamos comer juntos porque le habían salido un par de cosas urgentes. Me dijo, cuando nos vimos en el oasis compartido en medio de las urgencias, que estaba realmente cansado como para poder hacer el amor. 

Me dijo que fuese a verlo al finalizar el concierto. Me dijo tres bromas por teléfono muy seguidas que hicieron que me taladrara una carcajada. Me dejó algo de dinero también. Y me invitó a gambas hace un par de semanas. Las llamadas de teléfono son habituales a diario, por lo que los días se me hacen muy entretenidos. 

No nos iremos a vivir juntos ni queremos casarnos. No mostramos a nuestras familias, no vemos la tele juntos ni hay un futuro simbólicamente compartido en planes en común. Somos dos seres individuales, uno se empeña en mantener bien definidas las parcelas inquebrantables de su soledad y yo me empeño precisamente en quebrantar las propias. Somos una pareja que no puede llamarse pareja. Somos uno más uno igual a uno más uno. Nos queremos muchísimo, de verdad. Nos queremos de esta forma horrible y asquerosa que acabo de narrar. 

lunes, 21 de mayo de 2018

Se acabó para siempr... para ahora mismo.

Se corta la llamada en medio de las palabras 'te quiero'. Como si Julia no quisiera escuchar la frase entera y guiara las circunstancias para que en ese preciso momento la compañía telefónica dejase de dar servicio a nuestras líneas. Ahora da comunicando, supongo que o bien me está llamando ella o algún otro alguien ha decidido llamarla en este sagrado instante. 
No importa, luego se lo diré. Me pregunto cómo responderá al resto de palabras que se me han quedado en la boca. El 'pero' que iba después era muy interesante, abría un montón de ventanas a una nueva etapa entre nosotros. Los 'pero' suenan a anulación de la frase anterior. No sé qué no sé cuántos, pero, blá blá blá. Escuchas la última parte y ésta difumina, aplasta, extermina la primera. 

Cuando podamos hablar y pueda terminar de expresar la determinación provisional (todas las decisiones lo son) que he tomado acerca de nosotros, cambiaré el pero por el y. Te quiero y... quiero también que... ¡Oh! Siempre andamos queriendo cosas, ¿te das cuenta?. Quiero un coche, quiero una casa, quiero dinero, un trabajo, una novia, quiero ir al mar, quiero la montaña, quiero calma, quiero morirme. Nos pasamos toda la vida queriendo algo. ¿Te has preguntado para qué queremos siempre cosas?. Qué falacia tan absurda porque además luego llega un momento en el que no sólo queremos si no que también creemos ¡que las merecemos!. Y el desastre está servido. 

Mira, ya me está llamando Julia, voy a cogerlo a ver qué 'quiere'. Seguramente lo que quiere ahora no va a ser lo mismo que quiera después de oírme decir: Te quiero y quiero también que terminemos nuestra relación. 

Vaya. Llamada perdida. Mejor me espero, que la determinación era provisional y quizás ya la haya cambiado.