domingo, 15 de enero de 2017

Anhelo

El verbo empotrar.
La acción de empotrar.
Lo salvaje.
Las paredes blancas y el negro de las medias en el suelo.
Un arañazo en el cuello. La tela blanca en una espalda desabrochada.
Follar lento.
Como libélulas en celo.
Frotar en tu cara mi cuerpo.
Los límites, los cabos, los puertos.
Anclar las afueras, los pliegues húmedos, el vientre.
Y los olvidos.
Como entonces, como esta misma tarde.
La imaginación clavada en la frente.
Tus estacas.
El poste indicativo desde donde tocábamos el techo.
El agua correteando, la saliva gimiendo, tus ojos.
Dentro. Dentro.
El paracaídas de mi falda,
tus vaqueros arrugados,
las cordoneras, el pelo, los diez dedos navegando.
Y mis otros diez abrazando un faro a lo lejos.

Era el mar. Eras océano.
El amor era nuestro.

Como entonces, como esta misma tarde en mis recuerdos.


Teatro

Se acordó de cuando cantábamos la de Quique pisoteando un Madrid recién descubierto. Del irlandés donde pedíamos cerveza negra, de Té cantándonos el cutreverso que aparecería en su próxima canción. Se acordó de que llevaba el pelo largo y yo corto. De que ahora lo llevábamos al revés.

Las fotos son una mierda cuando los que salen en ella ya no están. Te remueven tanto las tripas que el estómago se da la vuelta. La rubia que salía en la foto vive ahora en Irlanda. La morena soy yo. 
Ya no somos las mismas. 

El blanco y negro de la foto es como el tiempo en el que nos la hicimos. El pasado es oscuro y está desprovisto de amor cuando aparece en la memoria. Puedo acordarme de las emociones que me poseían. Ella puede recordar que lloraba por las noches. Pero ya no estamos allí. 
Ya no somos las mismas. 

Los recuerdos están desprovistos de vida.  Por más que te empeñes en traer al presente lo que sentiste, lo único que consigues es un café descafeinado. Una cerveza sin alcohol. Un cigarro bajo en nicotina. Unas galletas sin azúcar. Y la mala leche desnatada. 

Y el presente, tan fugaz, tan uff!. Por eso me gusta tanto vivir aquí, en este ahora. En la vida real. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Para mí y las demás 'mí mismas'

Sitúate en la punta de una ola. En la espuma. En el horizonte del agua.
Sitúate ahora en el fondo del océano, en el poso, en el vientre de la tormenta.

Soy ambas cosas.
Y también la arena.

Yo, que me creía la reina de corazones. El as en la manga. La super luna que sólo ves cada treinta décadas bisiestas. La ganadora del Óscar. La presidenta del planeta.
Yo.
Cambiando de personaje, de piel, de disfraz.
Soy la que sustenta la ola. El agua de la que está hecha. El polvo de la orilla.

Toda la puta vida deseando que me quieran.

Y otra vez la identidad. Esta absurda personalidad maleable.

Soy la que observa.




La libertad cabe en el ojo de una aguja

Y ahí sigues, en la eternidad de tus cosas. Tus ideas, tus principios que nunca comienzan, las creencias sobre las que sustentas tu vida. Que si la infancia fue horrible, decías, como creyendo que la mía olía a la rosa de la que habló El principito. 
Yo también lloraba sola en la cuna y oía llorar a mi madre porque su padre se acababa de morir tosiendo. Tuve un padre adicto a traer dinero a casa olvidando que tenía que haber estado, precisamente, en casa. Y la depresión, y el suicidio y el accidente y todas esas putas noches llorándole al dios en el que creía para que me sacara de aquí. 
Y ahí sigues, en la eternidad de tus cosas. Como si las cosas, la vida, el mundo, este planeta, fuesen un decorado de guillotinas para tu frente. 
¿Sabes? la vida es esto. Lo que haces con ella. Yo ahora escribo. Y fui a terapia. A veces dibujo. Me pongo muy triste y sé lo que me ponen los abrazos. 
Quién eres tú. El niño asustado. Ya lo sé, sé lo que es el miedo. Y también sé que acojona muchísimo aunque los terapeutas nos digan que es psicológico. 
Pero vamos, venga, te tendí la mano. Y el pie. Los pelos. La espalda, las piernas, la nuca, el ombligo. Vamos. Venga. Pero ahí sigues, en la eternidad de las cosas. Víctima del entorno. 
Olvidaste que eras el dueño. No quisiste creer que lo eras. 
La responsabilidad asusta cuando no sabes de lo que están hablando. Las riendas, recuerdas? Coge las riendas, te decía. Aunque sean unas riendas que no quieras compartir conmigo. Cógelas. 

Y sí, es cierto. Escogiste las riendas. Y te ahorcaste con ellas. Las convertiste en cuerdas para enredarte. Ojalá hubieras seguido conmigo. Aunque nunca nos viésemos. Ojalá hubieras escogido algo que te hiciera feliz y no algo que tapase las penas. 



domingo, 8 de enero de 2017

Amplitud

Existe gran hermano vip y un montón de gente que se droga. Hay niñas mandando fotos de su escote a un desconocido por internet y un tío con corbata clavándole una puñalada a la espalda de su mejor amigo. Hay bancos. Y narcos. Y políticos riéndose de ti en tu cara, a tu lado, en tu nuca y en tu dni. Hay una mierda bien grande entre nosotros dos. Y un entierro. Y la puerta de urgencias. Y olor a morfina en los que ya no pueden volar. 

Existe mi madre. Y los primeros zapatos de tacón de mi sobrina. Hay flores en los cuadros que pinto con el rotulador negro que no se borra con el agua. Ni con el llanto. Hay caldo el día de navidad. Y un tango. Y el vestido volando de la negrita que aprende a bailar claqué. Hay olor a chocolate en el gel que me regalaste. Y un parto. Y el play para una canción. Hay papillas de plátano y galletas chafadas con chorrito de limón. Y el cine. Y las cometas. Y el amor.