martes, 16 de enero de 2018

Aforismos

Lo mejor de olvidar fue, francamente, no me acuerdo.
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Si quieres saber todo acerca del miedo, pregúntale a los valientes.
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Para mejorar la realidad, imagina peor.
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Si la llevas en ti, todos los caminos son tristes.
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Lo peor de lo que no sucedió, es no tener ninguna foto de recuerdo.
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Morirte debe ser contestar sí cuando ya nadie te pregunta si quieres.
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Extiende las alas, tenemos todo el camino por delante.

Imagina que ya te has ido

Ya he abierto los armarios y desbaratado los cajones. Ya he convertido en transparente esta cabeza tan llena de riesgos y miedos. He escrito poemas claros y le he hablado al mundo de montañas rusas sin sentido. 
Me he desbocado ante otro ser humano, vertiendo el pasado, la historia, esta experiencia tan llena. Que fui salvavidas cuando me ahogaba. Y águila. Y sirena. Y renacimiento. 
He abrazado conteniendo el planeta entre mis brazos, abarcando los ojos de otro. Me he llenado en un solo rato de la inmesidad, de la espontaneidad y la liviandad de los instantes. 
Ya no maquillo mi condena mental, muestro el remolino de viento que se mueve cuando estoy quieta. Todo abierto. Arriba los diques. Soy esto. Grande, infinita, inabarcable. 

Y volcándome de lleno, derrochándome, entregándome al momento, ni siquiera así, quiero quedarme.



Negro, como los hospitales

- Cariño, para ir al médico cámbiate la camisa.

Luisa sacó del armario la camisa celeste con ribetes en el cuello. En la consulta suelen esperar casi siempre alrededor de cuarenta minutos y además hoy la hora de la cita es de las conflictivas, muchas personas la piden después de las siete porque para los familiares es mejor no tener que pedir horas libres en el trabajo. 

Juan no quiere saber nada de prendas limpias ni duchas diarias. Si no es por Luisa hace tiempo que hubiera dejado que todas las cosas, además del tumor, se lo hubieran comido a trozos. El surco de moho alrededor del filo del vaso en la mesita, electrocutarse con la manta de calor, las bacterias acumulándose en la cara externa de la piel sin lavar. El tumor hace de Juan lo que las olas a las orillas del mar, vapulearlas, pasar por encima de él una y otra vez moviendo conchas, piedrecitas, ganas, deseos y absurdas normas de seres humanos sanos.

- Llegaremos tarde, arréglate Juan.

Dormir es el mayor placer ahora, pequeñas dosis de la tan temida e innombrable muerte. El doctor Salgado dirá hoy si los marcadores anuncian tregua o si, por el contrario, Juan va a poder dormir en paz sin despertarse nunca. Muerte, muerte, muerte. Juan lo repite sin cesar mientras se mete los zapatos sentado en la cama. Lo repite en silencio porque respeta a Luisa, porque ella odia esa palabra. Cómo me gustaría poder hablarle, llorarle las ganas que tengo de que el doctor Salgado nos lea un número muy alto, que ponga énfasis e ímpetu en la palabra metástasis. 

- Voy llamando al taxi.

Luisa termina de pintarse los labios, coge la carpeta con los informes y mira con ternura a Juan. Si va a descansar, llévatelo cuando quieras, te lo pido Señor. Le abrocha el abrigo y le abre la puerta. Muerte, muerte, muerte, se repite Luisa mientras se montan en el taxi.

- Juan por dios, no te has cambiado la camisa.

lunes, 15 de enero de 2018

Emprendedor

Voy a hablarte un poco de aquí, de esta ciudad donde no suenas, ni hablas, ni reímos. Voy a hablarte de este territorio que desconoces, que nunca sabrás cómo es.

Es el mundo alternativo que nació cuando me dejaste ir. Si aparecieses, las calles volverían a transformarse, habría de nuevo huecos en la carretera para tu coche, tiendas de ropa con tu ropa, barberías con tus pelos por el suelo, una ventanilla esperando que presentases documentación.

Aquí no hay nada de eso. Amanece todos los días a una hora extraña, llevamos en las muñecas un trozo de eternidad en algo que se parece a lo que antes, cuando estabas, llamábamos reloj. El atardecer va probando una nueva gama de colores que han debido inventar algunos de los diseñadores que acaban de graduarse. También puedo hablarte de cómo suena el silencio de las campanas, del mutismo de las borrascas o de lo afónicos que cantan ahora los pájaros. 

Estoy tan lejos de aquel entonces. A las diez, por la noche, ocupando el rato en el que antes me llamabas, se me atraganta todo eso de los fracasos. No sé si sabes de qué te hablo. Es como un pequeño bote de cristal lleno de miel, pero sin miel. Y tengo que masticarlo, tragarlo, digerirlo. A las diez y media ni rastro del bote. Se enciende la tele después. Por las mañanas trabajo, luego como, visito a mis padres, hago deporte, salgo con los nuevos amigos que he alquilado y generalmente me acuesto pronto porque, total, me paso el día durmiendo mientras hago todo eso. 

No estás en ninguna de las partes. Ni rastro. Y fíjate, eres tú el que lo ha creado. 


Indicadores

Como las bolsas de patatas fritas
que tienen abre-fácil
que lo pone en una esquinita bien claro 
y que luego no hay manera de abrirlas. 
Pues así, 
mi corazón.