jueves 2 de febrero de 2012

Un halcón tallado en piedra

El águila de los documentales murió de aleteo desbordado. Otrora audaz y vigorosa se perdió entre arbustos y ramas secas. Bebía en los charcos de los arcenes. Escasa lluvia para tanta pluma. El quitamiedos de la autopista hizo el papel de camisa de fuerza y acabó quebrándose. Vértigo en la cresta a la que nunca llegan quienes demasiados pájaros tienen en la cabeza.
La ladera con flores y brisa y aires calmados también se secó. Ahora es una monstruosa montaña donde un día, dicen, volverá a tener un orgasmo el volcán. 
La voz que doblaba películas de amor y terror lamía pastillas contra la afonía. Malos tiempos para la química entre dos. Los oídos que no la oían la hicieron silencio. 
Los dientes brillaron y los colmillos apretaban con fuerza sólidos anhelos. Ahora tengo tres de ellos colgando del cuello como amuletos contra el mal de reojo. Para olvidar futuros que no llegaron los aprieto contra el pecho. Tres grietas del tamaño del amazonas hacen de océano. No brota la sangre en la estatua en la que me convertí a través de tus manos. 

Mi moneda siempre cae por el mismo lado, qué curioso

Estoy escuchando esto

y me pregunto si existe un lugar al que ir cuando el 'ella no va a volver y la pena me empieza a crecer, adentro', te golpea las sienes. Si a Calamaro le salvarán sus rizos del desastre o si, como yo y el resto de los mortales, anhela rizos que ya no vuelven donde resguardarse de la soledad. 
Esta mañana llovía. Llovía tanto que ha terminado por llover, también, aquí dentro. 
Una se levanta con ganas. Teniendo en cuenta que mis ganas no son extremas, exageradas o excesivamente intensas, muchas veces, a la primera de cambio, se me caen y empiezan a dar vueltas a la vez que muevo el café en el desayuno. 
De dónde saldrá esta ausencia inflamable. Combustión inmediata en los pasadizos mentales. Querer que vengas, que te acuestes conmigo y que cerremos los ojos. 
Como si el mundo y la vida, y todo ese rollo de ahí afuera, fuese más susceptible de desaparecer o esconderse, con un cuerpo al lado que si te tumbas, bajo siete mantas, sola. 

Ya está. Es sólo un instante que dura unas cuantas horas. Sólo eso. Te acompañas de carencias en vez de menear tu ombligo alrededor del lleno. Y lloras. No es nada grave, doctor. 

martes 31 de enero de 2012

Publicidá para no ganar ná

Me dice, con toda su boca llena de dientes y dos empastes de amalgama de mercurio, que soy tan cobarde como todos los cobardes a los que critico. No es cierto, ella no me ha dicho eso, ese es el eco que yo he oído en mi intestino. Que resulta que tenemos aquel blog del que hablé no sé cuándo donde escribimos relatos a la carta, mire usted. Uno va un miércoles y de repente se le ocurren cinco palabras sueltas. Seguidamente el uno debería pasarse por esta frase de otro color y dejarlas escritas allí. Al uno lo leerán dos, que somos nosotras mismamente, la que os lo cuenta y esa tal Maeve a la que no pienso poner en otro color para que sea ella misma la que regale acceso a su blog como bien le salga de la entreplanta. Lo maravilloso, exultante, inquietante y gloriosamente magnífico es que nosotras crearemos un relato corto hablando de lo que nos venga en gana. O bien de sexo, que como bien acordamos ambas dos en una conversación es el señuelo perfecto para atraer oyentes-parlantes-retadores. Y hoy me dice que mucho bla bla bla pero poca publicidad. 
Le digo que yo lo que quiero es ganar dinero. Pero no me cree. Dice que lo que yo quiero es escribir. 
Así que como eso sí que ha hecho eco en mi estómago, paso a poneros aquí el puto enlace al que entraréis si sois oyentes, parlantes, lectores, interesantes, macizos e imperiosamente atractivos/as. 
Si me queréis, irse p'allá Página moderna del feis

Yo he visto cosas que vosotros no cre...

Lo confirmo. Hay un mundo donde van todos los que se desmayan. Anoche fui, a eso de las doce, justo cuando el martes empezaba a dar su jodida y cansada cara de todas las semanas. Hice algo por primera vez, me lo recomendó Maeve hace unos días, algo que hicieses con el alma. La verdad es que no sé si es el alma lo que sale cuando tu cuerpo desaparece, cuando no tienes ni la más mínima idea de que eres un cuerpo con piernas, agujeritos en la nariz o una exposición de dedos en las manos. Te vas. Cuando te desmayas te vas a otro lugar. No es como cuando duermes (a veces, porque otras te vas a vivir a los sueños), es como haberte tomado ocho tripis. En mi vida he tomado un tripi pero a juzgar por la cara que traen los susodichos, debe parecerse. Había ruído, colores y tres millones de imáganes sucediéndose a la vez. Fue tan extraño. Y, perdónenme quienes se desmayan con frecuencia sin quererlo, fue maravilloso. La bajada de tensión, pulsaciones, sudor abundante y nauseas insoportables no tienen nada que ver con el asunto. Eso es horrible, se mire por donde se mire. Yo hablo de dónde cojones se habrá ido la mente. Yo estuve allí. Impresionante.
Luego vuelves, al cuerpo, a las piernas, a los agujeritos de la nariz y a utilizar los dedos. Ves el techo, una puerta en posición erguida y tu cuarto de baño moviéndose enérgicamente. Pero ya has vuelto. Estás de nuevo en el único lugar habitable para tus ojos. El aquí. Y la coca cola y el aquarius, y la madre que sube asustada y el teléfono que llama al médico de guardia. Estás a salvo, todo bajo control. 
Pero qué queréis que os diga, si visitar eso no conllevase los daños físicos colaterales, estaría sacando, ahora mismo, un billete de ida a esa ninguna parte. Os lo contaría a la vuelta. 

lunes 30 de enero de 2012

El mejor papel se quedó sin aplauso

Y la pequeña actriz porno se va muriendo entre versos. Aprendiz de mensajes en celo para oídos detrás del teléfono más mudo de todos los teléfonos. La actriz que quiere triunfar entre harina, obrador de panadería convertido en alfombra de cálidos cuerpos. Espejo del baño en ilusión óptica y orgasmos. 
Ella poniéndole ganas. Su voz susurra o grita el mismo nombre en sus orejas, se desnuda en el baño, de reglas, horarios y obligaciones ajenas. Y él que no la escucha y sólo la oye, y él que le sugiere que escriba, que cuente, que edite un libro de cuentos eróticos y otras penas. Y ella se sigue muriendo. 
No quiero escribir, quiero hacer. 
Hacer sexo, hacer amor, hacerle a la vida un lazo estrecho. 
Expresar con la lengua lo que ya está contado dentro. Entre las piernas o entre los dedos. Saliva vertiéndose entre los siete kilómetros que alcanza el cable de este maldito teléfono mudo del que sólo salen sonidos que ya no le hacen eco. No. Él no muere de ganas. Y a ella se las han asesinado. Imaginación venida a menos rodeada de un cementerio de huesos de los que a él le habitan el pecho. No hay resultado. No hay escena. No hay sangre en la más esbelta vena. La pequeña actriz porno está salvajemente cansada.

No hay otra rabia más densa 
que la de querer hacerle el amor 
al amor que ya está hecho 
y encontrar sólo silencio. 

domingo 29 de enero de 2012

Cambiar el escenario


Tres palabras y un mundo en los espacios entre ellas. Coger el coche o el primer tren que pase y largarte no sé dónde. No sé si los humanos tienen, detrás, el mismo lastre que yo. Ultimamente el mundo me parece pequeñísimo para lo grande que es mi espalda. El mío, mi mundo. El de aquí, extenso y abierto, con miles de raíces que pueden ser ocho y un techo a cuatro centímetros de la coronilla, es una cueva y una cárcel con tantas ventanas que olvidas, a menudo, que sigue siendo una cárcel. Hay personas que parecen sombras, que no vinieron a oscurecer el ambiente y que, sin embargo, me hacen noche. No sé ni el cómo ni el cuándo, ni si es cierto que dentro tengo un día donde el sol no se arrepiente. Pero aquí, cuando tomo café en el desayuno, a primera hora de la mañana, siempre veo un ocaso arriesgándose. No se me ocurre un destino coherente, ni a qué dedicaré las horas que parecen creadas para trabajar, no sé si el del bar de la esquina de encima del puente donde dormiré será una buena persona. Ni cómo mantendré alegre a esta boca, ni a estos dientes, ni si habrá orejas que quieran escuchar los sonidos de mi lengua. No sé nada y sin embargo, lo tengo claro. La necesidad imperiosa de volar nunca está en silencio. Habla. Habla siempre. Aunque otros sonidos oculten el suyo. Siempre habla. Hoy es uno de esos días en los que la voz es grito. Y el grito un zarpazo. Y el zarpazo un huracán. Y el huracán un destino. Y el destino, ya se sabe, acaba siendo un inevitable presente.

jueves 26 de enero de 2012

Divorcio exprés

Ignoré los arañazos en su piel aun sabiendo que me muerdo las uñas desde que tengo dientes, pero nuestro colchón cumplía veintitrés años bajo nosotros y a él ya no le dolía la espalda.

miércoles 25 de enero de 2012

Lo extensa que es la vida que no es la nuestra

Hace muchísimo que no hacemos el amor; dos días exactamente.
Todo lo que pueda contarse en unidades de medida que no sean las horas es demasiado tiempo.

No es un concurso, pero sabemos quién pierde

Es en ratitos como este, tan corrientes y normales, tan habituales como levantarte a beber agua cuando tienes sed, cuando piensas que así debería ser casi todo lo demás. Un impulso. Observarte un mili segundo es suficiente, la mayoría de las veces, para saber qué quieres. Dónde te gustaría estar y lo que te pondría los dientes al aire en modo cargador de nokia plano. Uno lo sabe. Luego viene todo lo demás. Las voces y las urgencias. Se mete la mente, la tuya y la de los demás, y te cuenta y te dice: Noo! primero haz esto, luego vas a por pan, y te pasas por el banco también, a la vuelta frena en todos los semáforos y sáltate otros tantos. Corre. Tienes que pagar el iva, y recoger el abrigo de la tintorería. Sí, sí. No te vas a volver a poner el abrigo, el banco sigue abierto siete horas después y si hoy no comes pan recién hecho y tienes que tirar del tostado, el paté sabrá mejor. Pero no. La inercia te ha vencido. 
Es miércoles por la mañana y si cierro los ojos quiero hacer el amor. Al sol, por ejemplo. Estar tumbada un rato con una respiración ajena en las orejas. Quiero un beso. Y oler. Coger el coche, conducir. Meter dos camisetas en la bolsa y llamarte de camino al cielo. Ya sé que el cielo no es la orilla del mar que visitaríamos, no soy tan idiota. Ya sé que follar a estas horas, ya sabes, está fuera de las reglas. Pero uno sabe, si quiere escuchar, que dentro tenemos reglas propias. De esas que nos saltamos una y otra vez. Y después. Y más tarde. Y luego de nuevo. Y así. 
Así no voy a hacer el amor, ni voy a conducir después, de hecho no tengo camisetas limpias que poner en la maleta. Oh, hasta la maleta está en casa de mi hermano, que se la dejé no sé cuándo. Las ruedas del coche están en mal estado y estoy sin depilar (esto es mentira, es sólo un ejemplo, eh? :s) Son las once y media, si me voy no llego a comer, mi madre me espera. Y el panadero. Y el banco cerrará y tengo que hacer esa transferencia. Y.
Y los planes se quedan en silencio. Lo que querías ha desaparecido. Tocado. Pero miserablemente hundido en la más absurda rutina con la que llenamos la vida. 
Alguien ha vencido, ni puta idea de quién, lo que sí queda claro es el nombre del perdedor. 

lunes 23 de enero de 2012

Tengo prismáticos en los ojos

Lo que pasa es que las cosas no cambian de tamaño. Son diferentes a todo. Podrían ser piedras que, aunque tiene que pasar mucho tiempo, siempre acaban menguando. Disminuyendo. Lo que era un pedrusco enorme y de magnitud desproporcionada, acaba siendo uno de esos granitos de polvo que un día, cuando hace mucho viento, se te cuela en el ojo a anidar más polvo. Yo qué sé. Pero no, las cosas no cambian de tamaño. Eres tú el que, al final, cambia el modo de verlas. No es lo mismo mirar un rinoceronte a un centímetro que alejarte mucho y más y verlo como un puntito con cuatro patas en el firmamento. Eso me pasa con las cosas. Lo que hace días (horas, un milisegundo) era del tamaño de cuatro rascacielos de nueva york, parece una chabola de las afueras. Pero no le ha cambiado el tamaño. Intenté alejarme, sólo eso. Eso y creerme extraterrestre. Porque cuando te crees extraterrestre puedes estar en muchos sitios a la vez. Y lo que hice fue alejarme del rinoceronte fiero pero a la vez, aumentar, agrandar, exagerar la altura de la flor amarilla que estaba justo al lado de él. Y el charco. Y un poco de hierba. Y dos huellas que me encontré. Y el cactus. Y la montaña del fondo. Y el copo de la nieve que jamás había caído en ese lugar. No sé. Es todo muy raro. Como tú que seguro que no has entendido una mierda. Te lo explico: mueve tus quehaceres, tus quepensares, tus queseres y deja de mirar siempre, sólo y unicamente, en la misma dirección. Te sorprenderá lo maleable que es tu mirada.

domingo 22 de enero de 2012

Cómo va a hacer de caperucita el mismísimo lobo feroz

Lo único que he aprendido hoy es que si te identificas con uno de tus papeles ambulantes, es imposible que cambies. Yo era triste, antes. Melancólica y asquerosamente nostálgica. Y jugaba a ser otra desde ahí. Me esforzaba, lloraba y lloraba. Ríos y océanos enteros. Quería cambiar. 
Cambié el día en el que aprendí y supe que yo no era triste, melancólica y asquerosamente nostálgica. Entendí que puede que tuviera eso. Pero yo no era eso. 
Y así, ahora, cuando siento que perdí el tiempo en otro de tantos papeles protagonistas, entiendo que no puedo cambiar ese papel desde ese centro. Que sólo volviendo a saber que no soy eso, aunque lo tenga, es la única manera de extenderme en otros lugares. 
Creo que a eso le llaman trascender el ego. Y eso es lo único que he aprendido hoy. Aunque es una de esas lecciones que, como tantas otras, se hacen luz porque llevas un montón de tiempo encendiendo farolas. 

viernes 20 de enero de 2012

De muertos que siguen respirando

Se llamaba badlands y murió hace poco. En realidad se quitó la vida hace más tiempo pero dejó de respirar hace menos. Sigue bailando y berreando canciones en el coche. Y le siguen ardiendo dentro las guitarras. El saxo se carga sus pulmones y las baquetas le revientan el pecho en los semáforos. Vive. Pero tiene otro mundo. No tiene piernas ni rabo con el que cortar miles de entradas. Ya no suda en colas interminables que acaban en cosas que ya no son cosas con mayúsculas. La reencarnación de badlands se sigue llamando badlands, como este blog se sigue llamando de igual modo. Pero es otra. 
Recuerdo cuando fingíamos tener ganas de bocas y cerveza. Cuando en las puertas de los bares se quedaba la soledad, o las mentiras. Cuando antes de salir de gira la habitación arropaba las metas y los mundos que se llenarían de kilómetros en un tiempo que ahora me resulta ajeno. Las dudas vieron tantos conciertos como vio ella. Salía a vencer. Siempre. La perseguía un cartel con letras donde podía leerse 'líder'. La líder no era ella, pero fingía demasiado bien. Siempre hubo cosas que le llenaron los vacíos del estómago y los silencios que el público jamás dejaba entre canción y canción. Como ahora. Pero diferente. 
Las ganas de gira no son las ganas de gira. Hay túneles tan espléndidos como el cielo. Eso era badlands. Lo que pasa es que badlands ya no vive dentro de un túnel y se siente más cielo que antes.
Así que verá un concierto. O tres. Aun no sabe si la arrastrarán hasta ver otros treinta y cuatro. Pero la que saltará poseída en BTR o llorará en Drive all night ya no será la misma que saltaba poseída en BTR o lloraba en Drive all night. 
















Hay un personaje menos en el reparto

miércoles 18 de enero de 2012

Destino: Ni idea

Ayer no sabía nada y hoy un poco menos. Tan poquito sé de mi historia que ni conclusiones ni aspiraciones. En todo caso sé que si miro desde aquí arriba veo dos pies a los que de tanto leer y entrever se les estaba olvidando el tipo de remolinos y otra clase de movimientos concéntricos que solía haber debajo de ellos.
Volver al suelo. Creo. No como serpiente ni gusano ni caracoles ni asquerosas lapas. Volver al suelo con el único fin que el de plantarme cual semilla en celo. Fotosíntesis del cerezo o del cardo borriquero. O del jazmín. O un cactus del desierto. Quedarme conmigo y arar la tierra que me sustenta. 
El aquí y ahora tienen de bueno, como de malo, que pasan (Conchi dixit).
Y yo, que tenía pensado quedarme a vivir en el futuro más incierto de todos los venideros, quizá, por qué no, de momento, se me empiece a dar bien lo de no mirar más allá de estos pies. 

Y tú, ¿vives en un lugar que desconoces?

Otra traducción del 'bla bla bla'

Toto, un amigo que reparte colores, amores y otras palabras del buen hacer, me decía ayer por email que debí contar con sus ojos para escribir, en ese bar literario de los lunes al ron, el micro-relato acerca de la incomunicación. Él pinta. O lo que es lo mismo, traduce sus pulmones en lienzos blancos que acaban siendo un cielo entero. En el email me regaló esta imagen: 


Y a mí me ha salido otro de los mil trescientos micro-relatos que bien podrían definir 'La Incomunicación' y aun así, seguir sin entenderla. Ya se sabe, si no lo experimentas, no lo cuentas! :p (dios, qué de frases cutre-célebres, eh?)

"El rutinario caso de los dos humanos que no tenían orejas"
Tenía una boca inmensa estilo galaxia. Una boca, tan sólo una boca se dibujaba en las entrañas de aquella cara. Yo tenía otra, grande y esbelta como la suya. Hablábamos, decíamos, contábamos. A la vez o a la par. Contemporáneos de verbos y palabras que jamás fueron escuchadas. Dijimos tanto que nunca supimos lo que decía el otro. 

martes 17 de enero de 2012

Obligaciones: Dejarte ver por los alrededores

Ayer fui al bar de los lunes literarios por las razones que habitan en el título. Había un concurso: Tema y límite de 50 palabras para un micro-relato. El tema era 'La Incomunicación'.
Salieron estas dos cosas de abajo y metí el segundo en el cubo de los participantes; 

'No me importa tu memoria'
Alrededor de los besos no había palabras ni quedaban restos de otras bocas. Cada uno la suya exponiéndola al otro. Así, en presente, la lengua era lengua y cada diente un diente. En sus nuevas salivas no había ecos de otras historias. Nacía una propia; el amor cogió las riendas.

'Decir sin contar'
En el bar nadie hablaba, veintidós papeles sobre la mesa hacían de lenguas. Escribieron, dijeron, expusieron los adentros en absoluto silencio. Nunca antes cuarenta y cuatro ojos dijeron tanto sin tener que abrir la boca. Y sin embargo, cuando el jurado recogió los versos, nadie se había comunicado con ningún otro.

No gané, si lo hubiera hecho ahora estaría leyendo un lote de libros y bebiendo ron del que no me gusta. Tampoco es que me creyera vencedora en ningún momento (como en mis restos de momentos). Aunque qué quieres que te diga, quizá a estos ojos le hubiera servido el ron para olvidar que no saben cambiar. Pero no. 
Hoy la ganadora, que a pesar de que no me gustase su micro relato, hizo un discurso digno de admiración y a la que sólo por eso le daría todos los premios del mundo, hoy tampoco está leyendo ni bebiendo, dejó el ron y los libros en el bar, desprendiéndose de los resultados y disfrutándose sola. Por eso la admiré. 
Su relato constaba de cuarenta y siete palabras iguales. La palabra era 'bla'. Y venció. 
Consiguió plasmar en 'bla bla bla bla bla bla...' todo ese ruido que no dejamos de escuchar en muchas de las bocas que nos rodean. Hablar sin decir nada. Es tan real que supongo que el jurado también se sintió identificado. Hubo dos premios más, el tercero bien merecía ser el ganador, habló de la extendida incomunicación entre tu peluquero y tú cuando hablas de esa unidad métrica que son 'las puntas'. 
Me gustó pasar el rato allí, aunque en realidad estuviera en muchos otros sitios a la vez.


lunes 16 de enero de 2012

La memoria se come los pasos

Así que este era el lugar al que llegan los derrotados. No lo imaginaba así, lleno de gente con la mirada perdida en algún norte carente de flechas de dirección o sentido. No es lo mismo. Yo tampoco sé a dónde me dirijo, pero me gustaría que todo esto tuviera algún sentido. Tampoco. Algunos intentan asomarse a las tres ventanas diminutas que hay en la pared de la derecha, pero para hacerlo tienen que ir hacia atrás, tomar impulso y saltar, porque están demasiado altas para la altura a la que vagan sus cabezas. Las otras paredes son oscuras y están pintadas con un collage de espadas, esposas y látigos. Hay armas por todos sitios. Cinco levantan las manos en modo atraco sin que nadie les esté señalando. Lloran. Casi todos lloran. No sabría explicar por qué escucho este silencio repentino, como si la humanidad entera se hubiese quedado muda, si todos están gritando. Hace frío y nadie nos ha dado mantas. Tienes que andar con mucho cuidado porque todo el suelo es un laberinto de agujeros que parecen no tener fondo. Al llegar me fui asomando a varios y no lo he vuelto a hacer, subía tal cantidad de helor que se me llenó la cara de escarcha. Ni siquiera logro darme calor con mis propias manos. Hace frío. Hace tanto frío que intuyo que pronto todos moriremos congelados. 
A no ser que... 
No, vamos a morir congelados. No hemos conseguido quemar lo único con lo que vinimos aquí; nuestro pasado no es combustible. 

domingo 15 de enero de 2012

Intentar siempre fue de pobres

No puedes tratar de hacer cosas, simplemente debes hacerlas
Ray Bradbury

sábado 14 de enero de 2012

Ya sólo queda resucitar

Bien, bien, bien... Llegados a este punto en el que la muerte es inminente y las ventanas de la vida parecen túneles a ninguna parte... aquí, en este lugar inhóspito, incómodo, intensamente frío y doloroso y en cuyas esquinas agoniza cada una de las jodidas respiraciones que emito al universo... Aquí, donde los pulmones pesan toneladas, el corazón se agrieta y la mente oscura ha tomado las riendas, el control y es reina y dueña y líder de un montón de mierda. Aquí. Aquí. Desde aquí, ya que no hay salida, y que piso en cada maldito paso el charco de las lamentaciones. 
Bien, bien, bien. Todo está perdido. Y si lo está, a qué cojones he de tener miedo si ya nada de aquello en lo que creía se me aparece en los sueños. Si el tiempo es una pérdida de amores, las horas se comen la juventud, la piel se vuelve áspera, las manos de escarcha, el vientre de mármol, las piernas troncos secos y las arenas movedizas agitan sin cesar la estabilidad anhelada. 
Aquí. Ahora. Este es precisamente el lugar desde donde todo puede comenzar. Sólo hay una cosa que, antes, debería desaparecer, la sensación perenne de que todo aquello que emprenda va a terminar en muerte. Si consigo derribar eso, me queda toda la vida por delante. Si no lo consigo, ya me sé el resto. 

Alguna idea reveladora, innovadora, original, devastadora, arrolladora? Ahí es ná. 
Empezaré con un curso de macramé. 

viernes 13 de enero de 2012

Lo único que no se fabrica con empeño

En esta cueva habita una troglodita que plantaría tomates para sobrevivir y alimentaría gallinas de huevos de oro. Vive una ejecutiva que sube cada noche al Empire State a despedir al sol. Una gandula de nacimiento capaz de criar yagas en la espalda de no moverse de la cama. Trotamundos y correculturas, tres meses en las ciudades que crean el centro del epicentro de cada país. Vive una rica, con criados y escolta, chófer y bombones de chocolate en bandejas de plata en rincones de una mansión. Una indigente. Visitante habitual de los sótanos de los puentes, de los aparcamientos públicos con peldaños cómodos para dormir bajo mantas regaladas. Reside la que vive con lo puesto y lo descompuesto. La líder de una banda de rock. La solitaria cantante con acústica a cuestas. Patrón de un velero que atraca puertos cuando las farolas sirven para algo más que para estorbar. La madre de una familia hermosa, numerosa, que duerme con un ojo abierto vigilando a sus cachorros. La dueña de la finca más grande de todas las fincas, caballos y perros, queso fresco y vino rigurosamente catado a diario. La chica que no tenía estudios y se inventó una nueva profesión a fuerza de pensar cómo ganarse la vida sin hacer nada para ganarse la vida y perdiéndola en cada esquina. 

Vivió en mí la de treinta y muchos, la del mar al borde de los ojos de tanto que lloró. 
La que sólo soñaba con sentir un amor a este lado de la vida. 

El bien y el maaaal

Hoy un chaval me ha pedido sesenta céntimos. Le he dicho que ni de coña ib... Que es broma! Se los he dado y luego le he preguntado para qué eran. Me ha dicho que no le llegaba para comprarle una jaula a su hamster. 
He sonreído. 
De camino a la peluquería donde me han cortado el pelo en el único corte de pelo que sólo ve el peluquero, iba pensado que además de la irrisoria cantidad de dinero que doy a greenpeace mensualmente, hoy me he sentido colaboradora nata. Un mili segundo más tarde me he dado cuenta de que no!! es al revés, soy colaboradora pero de las malas. Meter animales en jaulas no es precisamente lo que se quiere, no? 
Y al final no sabía si había hecho bien por ayudar a un niño o había hecho mal por condenar a una cárcel con esa horrible rueda tan parecida a la rutina de los humanos, a un pobre ratón que come como si no hubiera mañana y hubiera pasado dos guerras mundiales seguidas, ahí guardándose la comida en los mofletes, coño. 
Así que mañana pasaré muchas veces por el mismo sitio a ver si veo al individuo y le cuento que no he podido dormir por su culpa, que me siento culpable cual Judas y que no vuelva a ir pidiendo por ahí dinero a las pobres niñas indefensas amenazándolas con el reconcome eterno si no hacen lo que les pide. O algo así. 
Jodida crisis.