Ayer fui al bar de los lunes literarios por las razones que habitan en el título. Había un concurso: Tema y límite de 50 palabras para un micro-relato. El tema era 'La Incomunicación'.
Salieron estas dos cosas de abajo y metí el segundo en el cubo de los participantes;
'No me importa tu memoria'
Alrededor de los besos no había palabras ni quedaban restos de otras bocas. Cada uno la suya exponiéndola al otro. Así, en presente, la lengua era lengua y cada diente un diente. En sus nuevas salivas no había ecos de otras historias. Nacía una propia; el amor cogió las riendas.
'Decir sin contar'
En el bar nadie hablaba, veintidós papeles sobre la mesa hacían de lenguas. Escribieron, dijeron, expusieron los adentros en absoluto silencio. Nunca antes cuarenta y cuatro ojos dijeron tanto sin tener que abrir la boca. Y sin embargo, cuando el jurado recogió los versos, nadie se había comunicado con ningún otro.
No gané, si lo hubiera hecho ahora estaría leyendo un lote de libros y bebiendo ron del que no me gusta. Tampoco es que me creyera vencedora en ningún momento (como en mis restos de momentos). Aunque qué quieres que te diga, quizá a estos ojos le hubiera servido el ron para olvidar que no saben cambiar. Pero no.
Hoy la ganadora, que a pesar de que no me gustase su micro relato, hizo un discurso digno de admiración y a la que sólo por eso le daría todos los premios del mundo, hoy tampoco está leyendo ni bebiendo, dejó el ron y los libros en el bar, desprendiéndose de los resultados y disfrutándose sola. Por eso la admiré.
Su relato constaba de cuarenta y siete palabras iguales. La palabra era 'bla'. Y venció.
Consiguió plasmar en 'bla bla bla bla bla bla...' todo ese ruido que no dejamos de escuchar en muchas de las bocas que nos rodean. Hablar sin decir nada. Es tan real que supongo que el jurado también se sintió identificado. Hubo dos premios más, el tercero bien merecía ser el ganador, habló de la extendida incomunicación entre tu peluquero y tú cuando hablas de esa unidad métrica que son 'las puntas'.
Me gustó pasar el rato allí, aunque en realidad estuviera en muchos otros sitios a la vez.