Subirme a las ramas del amor como salvamento, un andamio en el que sujetar la inestabilidad de mi propia conciencia. Ella misma dice y se desdice después. Luego inventa un nuevo pasatiempo y cuando sabe que la miro, la observo y la ignoro, vuelve como puede a mostrarme lo de siempre.
Es como un 'esto nunca falla, le diré que si tuviera amor, todo iría bien'.
Hay una conciencia que mira todo esto que ocurre en ¿mi mente?. Hay una auto conciencia que ve la película interna como cuando veo una serie en netflix. Todo es bastante más mentira de lo que llego a creerme, por muy poco trozo que logre convencerme.
El amor. Imagino un hombre sentado a mi vera y me ilusiono. La ilusión de que algo externo llegará a satisfacerme es tan falsa... Es un fantasma enorme debajo de cuya sábana no hay absolutamente nada, pero es un recurso mental que viene y va como el viento en las tardes de abril.
Esta mañana me he levantado pensando en David, una mente brillante que me apetece descubrir. Y la conciencia hace sus destrozos en ese deseo, interrumpe, malmete y convierte una simple y pura atracción en una historia de pseudo-desamor.
Hay un despertar que viene acompañándome en los últimos meses, el descreimiento de lo que pienso. Por supuesto que no todo es verdad, como dice esa frase: No creas todo lo que piensas. Es que creo que 'nada' lo es. Un entramado de conexiones neuronales que me dan una personalidad cambiante que se transforma constantemente y que me deja en la más absoluta incertidumbre.
Debe ser la vida esto mismo, un árbol deshojándose, una semilla brotando, un bebé llorando o una piel arrugándose y no más. La vida surge. Sea lo que sea esta. Y luego, posteriormente, aparece la conciencia a sacar sus conclusiones, a establecerse, a reivindicar su hegemonía y su lugar.
Qué fascinante es vivir cuando no intervienes...
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