Llaman apego a esto, al momentáneo abismo que sienten los pseudoenamorados del secuestro al que siguen llamando amor.
Llaman apego a las escenas dramáticas que protagonizan quienes dicen no puedo vivir sin ti. Sin ti me muero, te necesito y mi vida no tiene sentido si no estás.
Llaman apego a las cadenas con forma de flor, a la necesidad que se disfraza en la voz, al terrible suceso de decir adiós. A los que, de hecho, ni siquiera pueden despedirse.
Llaman apego a esto, al vacío sin ti, al sinsentido sin ti, al qué será de mí sin ti.
Llamamos apego a esto los que no hemos vivido otras formas de amor.
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