Pero nos pone lo fácil, las flores, las guindas y el lacito en forma de coliflor. No sabemos ir más allá, aquí, ahora, pero sin faltar a la tradición. Somos cortoplacistas, superfluos, nos ponen las fotos, los filtros, los colores chillones y millones de sillas para ver la procesión.
Somos carne de apuesta, el tejido que forra un botón, los adornos, el contorno, los alrededores del interior. No nos interesa saber de qué estamos hechos, quién cojones somos, para qué está sirviendo esta mierda de experiencia. La existencia. Qué digo, a veces ni siquiera sabemos que existimos.
Todo es superficial, absurdo, abstracto. Los títulos, los nombres, la profesión. Los que salen en la tele y algún que otro titular. Hablamos, opinamos, decimos, nos subimos al pedestal del 'yo eso ya lo sé'. Llenamos los bares, salimos de vacaciones, tenemos en la boca un volcán por donde, en atolondrada erupción, salen palabras hirientes, malolientes y tan huecas como hueco llevamos el corazón.
Nos pone lo fácil, el verbo re-flexión debe ser hacer series de flexiones en los gimnasios, el verbo pensar, el verbo observar, la puta mierda de no querer ver que manipulan, que controlan, que se disfrazan, que aparentan para la ocasión.
Me apena ver robots disfrazados de humanos. O viceversa, qué sé yo. Me apena la simplicidad de una mente, que no la sencillez. Pero nos pone lo fácil y al final consiguen que me enfade yo, con lo que paso a ser, yo también, una más del montón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario