Hay un deseo que puede volar libre más allá de las expectativas.
Hay una diferencia abismal entre la preferencia y el rechazo cuando esta no aparece.
Me doy cuenta de la semilla del llanto: la espera.
Me he pasado miles de años negando aquello que me pertenecía: las ganas de contacto, de abrazo, de compartir el tramo.
Ahora que claro y nítido y espontáneo, me acompaña, me atraviesa, me sobrevuela, me quedo en la pequeñez, en la ignorancia. No sé cómo usar mi regalo, no sé cómo vivir con eso al lado.
Siempre he hecho algo con ese deseo primario, lo he negado, lo he disfrazado, lo he empequeñecido, lo he maltratado, lo he escondido, lo he disimulado. Ahora, tan libre él y tan en exhausta yo, aún quedan vestigios del hacer, del ponerse en marcha. Como si lo que tiembla dentro pudiera yo pararlo.
Aún te echo de menos. Aún sé cuánto te quiero. Mezcla eso con el deseo de amor dado y recibido. Mezcla eso con las ganas. Mezcla eso con la transparente visión de saberme falta de cariño. Mezcla eso con este cerebro laberíntico al que siempre le ha apasionado hacer mucho más que estar quieto.
Qué más quieres, alma mía, seguir haciendo. Déjalo. Déjate en paz las hazañas. Deja en paz a los guerreros. Solo deja todo en calma. Solo soy una mujer acompañada del deseo de querer. Y de que la quieran.
2 comentarios:
He pasado a leerte, te dejo un saludo 🙂 besos
Hola cariñicomíoooo!!
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