El otro día, en el coche volviendo a casa, me preguntaba por qué estas ganas de compartirme, por qué la persona cercana, por qué el deseo de la relación íntima. Para qué, Ana, para qué la búsqueda.
Me contesté de todo y a través de todo lo que viví contigo, me entendí, de nuevo.
Quise conocerte incluso después de encontrar tu intimidad. Quise seguir buceándote. Quise explorar los rincones, las esquinas, las curvas del alma que abre tus ojos tristes. Quise, de lleno, adentrarme tanto en ti que yo quedase igual de expuesta.
Quise seguir y continuar. Abrirte de par en par, observarme y analizar de qué estamos hechos.
Sorprendiéndome en tus hallazgos. Descubriéndote en mis hazañas.
Ya no estás para hacerlo, tampoco antes estuviste dispuesto. Y me doy cuenta de las razones de la búsqueda. Que nos miremos y ampliemos lo tocado. Sentir de nuevo. De dónde crees que surgió la palabra eterno. El alma se sabe así y tiende a buscar aquello que le permita seguir sabiéndolo.
No amé antes así. De hecho no amé antes de esto. En la lejanía que ofrecías pude nutrirme lo suficiente como para saber qué era eso: El amor. El amor buscado. Encontrado por mí aunque no quisieras alcanzarlo tú.
Fue solo eso. Amor del bueno aquí dentro.
Ahora sé que fue eso y que quiero seguir siéndolo.
3 comentarios:
Ese amor del bueno, lo recibirá quien lo merezca... Besos
si fue/es amor valió la pena.... sin dudas ... saludos...
Hola Laura. No sé quién lo gozará fuera, pero sé que yo lo sigo gozando dentro :)
Y sí, JLO, claro que mereció las penas y las alegrías, aunque me 'las inventara'!
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