Había ternura allí, en la piel de unas manos vivas. Había amor allí, en el revuelvo de las palmas. Había algo allí, en los veinte dedos enredados.
Luego hubo plumas alcanzando los pies no tocados, las rodillas no olidas, las caderas no sabidas. Una espalda se convirtió en sirena; la mía. Y el pelo en flores y el pecho en almendras. Hubo un látigo atravesándome el cuerpo desentendiéndose del sentido que siempre le busco a la vida.
Y hubo cerrar los ojos un poco. Y la moqueta del suelo del cine podía haber sido un océano. Y la botella de agua un bote salvavidas. Y Clint en la escena llevaba droga desde un lugar a otro. Como yo que, en la butaca, cantaba sin estar cantando.
'Eres de floración tardía', le decía la hija al padre en la película. Pensé en componer con eso un poema. Pero está saliendo esto porque no sé si mañana, después o luego, pero florecí tan bonito como para que sea mejor escribir sobre esto.
Luego los brotes casi imperceptibles y aparentemente verdes entre dos que apenas se conocen, pero por un instante hubo flores aunque no haya llegado la primavera.
3 comentarios:
Sombra que no era azul:
Necesito una verdad,
en mitad del precipicio,
necesito trescientas treinta y tres señales,
para amarte más de lo que puedo,
no busques no,
sólo creo poseo un corazón
que no es raíz descubierta,
eras azul sin día ni noche
que todo elucubra,
impenetrable armazón de relámpago,
tierra amorosa brotando un beso,
bajo sombra inerme, apostada,
donde mi pulso navegaba tu rostro,
faltaba mar
y jabró la tierra mansa
que florecía tu alma.
Sequedad de nuevo día
palpando tu dolor risueño,
hasta herir mis ojos al descubrirte,
obscura te llamaba mi sangre,
yo duermo, no estoy escribiendo,
que si los sueños son tangibles,
sólo tengo esta munición,
soledad que vive
y no precipita
a tus labios de cristal,
Como fulgir la luz
y descubrir, que deletrea,
que dicta sinfonía
de transparencia ocupada,
sin ausencia
porque al leerte Nebroa,
encuentro sentido,
a novecientos noventa y nueve
encierros inecesarios,
seguir vivo
y mi camino,
atribuyo a biología
y a que todo es y era
construir casas por el tejado,
perder sin intentarlo,
y amarte soñando despierto,
que yo no soy el hombre muerto,
que te está amando
sin saber hacerlo creíble.
Por el miedo,
acuso que no es más fuerte que yo
y que puede esta sea
mi última carta,
perder venciendo se llama,
los valientes mueren primero.
El Castellano
"...porque al leerte Nebroa,
encuentro sentido,
a novecientos noventa y nueve
encierros innecesarios"
Eso. Eso es lo que yo misma siento al leermescribirme. Gracias :)
Las gracias son suyas, besines.
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