lunes, 31 de diciembre de 2018

Hay un desierto en medio del agua


Es treinta y uno, nos vamos a otro mundo, nos vamos a otra vida. Consciente, entera, atenta, estoy dispuesta, en medio de esta tristeza, donde la orilla se aleja, al devenir incierto de aquello que no sé ni dónde está, ni en qué consiste. Estoy dispuesta, entre la incertidumbre, a adentrarme en el desconocido abismo que me espera.

Ya no hay posibilidad de quedarme. Ya no puedo quedarme en un cuerpo que no contiene amor, que no quiere ser el contenedor de lo que me habita. Quédate ahí, en la orilla de las espinas con las que me aniquilaste. Quédate. Parto. Surjo. Me voy.

Sé que con el año se acaban las posibilidades. Ya no quiero ninguna. Ya no hay oportunidades. Se cierra el mundo abierto hace ahora ocho años. Candados y cenizas para ambos. Te portaste mal… Me engañaste, no jugaste limpio. Quédate con las piedras y las alas y las olas que emprendiste sin contar conmigo. Me lo podías haber dicho. No quiero que vengas, Ana.

Tuve que averiguarlo yo. Y ahora, en mi barca que apenas avanza, estoy diciéndote adiós. Es el final de una historia que no tenía final, ¿recuerdas? Pero era este, el mismo final que siempre anduvo prendido del aquel inicio. Ochos años sin querer. Ocho años de enredadera y locura. Ya no sé si lo viví o me inventé casi todo el asunto.

Te digo adiós porque ya me lo dijiste tú antes. Pero es ahora cuando he podido oírlo. Todo el adiós que siempre estuvo debajo de tus razones suena ahora en medio de todas las canciones de desamor. Ahora. Es ahora cuando lo oigo y suena enorme entre las palmeras que se alejan, la arena que se aleja, la playa que no volveré a visitar.

Te digo adiós a manos llenas. Con todo lo que soy. Me voy con pena. Suelto la zarza que tanto me daña. Abrir las manos y ahogarme en esta marea. Debajo de toda la tierra debe haber algo, cuando lo encuentre no volveré para contártelo. No vengas. Ni si te ocurra volver a preguntar cómo me curé, dónde me dolió para volver a descuartizarme entera.

No creo que estos sean los últimos versos que te escribo, mas sí es la última vez que miro la orilla donde me convertí en la mujer que soy. Tengo la cabeza baja, la frente más áspera, los ojos llenos de la misma sal en la que voy a inundarme.

Pero estoy viendo el mar. El mar me espera. 

1 comentario:

Bubo dijo...

Tiene pinta el mar de estar frío del copón. Déjalo para verano. Total el año ni cierra ni abre nada. Solo es un día que pasa, con sus oportunidades perdidas y otras que se abren.

Feliz 2019