Nada es un refugio porque nada es tan hostil como piensas. No hay cuevas ni esquinas donde salvarnos del frío porque no hay inviernos que se claven dentro. No hay plutón al que marcharnos ni necesitamos estrellas con las que fugarnos ni ha de ser la tierra una alfombra mágica para irnos bien lejos.
Lo que hay son las flores reventando en la cumbre de los tallos y un bebé sorprendido al mover un cascabel. Lo que hay son mares desbordados en los ojos de los tristes, dientes que asoman a una boca, una canción de fondo que tienes la suerte de escuchar y unas botas galopando en las aceras.
Lo que hay es una vida que vive en sus caderas y una poblando una barba de tres días. Lo que hay es un despertador enseñándote la luz después de ocho horas a oscuras a quien no le importa en qué vas a malgastar las otras dieciséis.
Lo que hay es la vida atravesándote, la vida sostenida en ti hasta que desaparezcas. ¿Has pensado qué harás con tanta libertad?
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