Soltar el cuerpo en un cuerpo, saberme sostenida, mecida.
No pasa nada, todo está bien ahora.
Oír eso y cerrar los ojos.
Solo respiro porque se hace solo.
No intervengo.
No aparezco.
Rendirme.
El calor humano debe ser el mejor de los veranos.
Dicen los psicólogos que a la niña se la sienta en las rodillas y se le acaricia el pelo.
Créeme que ya lo hago.
Aún así, el verano del que te hablo es el que echo de menos.
Yo soy más primavera, invierno, otoño y de nuevo, ya sabes.
Soltar el cuerpo en un cuerpo, sin ropa, desnuda ella.
La que me habita tiritando de vez en cuando.
La de la herida sin sangre que a veces sigue sangrando.
El cobijo.
El consuelo.
Quería salvarte ayer y hoy soy yo el acantilado.
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