lunes, 13 de mayo de 2019

Jornada de puertas abiertas como forma de vida

Inventar la vida en vez de vivirla. 
Si no hubiera inventado que no me quisieron, si no hubiera inventado que tú me querías. Si no hubiera inventado las heridas, la tristeza, tanta pena. Si no hubiera mirado y creído y aprendido que detrás de la alegría siempre hay un poso de tristeza. 

Este es el momento, uno de ellos. El telón se cierra y entiendes la escena de la obra. En el punto de mira el dolor y sus consecuencias. Buscar la alegría y no saber mantenerla. Me preguntaba el sábado, sobre aquella esterilla, qué sería de mí si todo el tiempo y el espacio y la dedicación que sé darle a la tristeza, se la hubiera concedido a la alegría. 

No supe hacerlo. De hecho aún soy inexperta. Un ratito de risa sostenida frente al océano. Yo ya no quiero eso, no quiero seguir nadando entre la ciénaga que genera mi pensamiento. Tampoco sé muy bien qué quiero. Solo que se acabaron los inventos, el parque de atracciones y el salón de los espejos negros. 

A los bebés no hay que enseñarles a estar tristes ni alegres ni enfadados ni con miedo. Eso quiero, ser como ellos. Un hotel de paso para las risas y las penas. A partes iguales. ¿Crees que sabré hacerlo?