lunes, 11 de diciembre de 2017

Primavera

Al salir de los pirineos han abierto las fronteras. Apenas dos pájaros medio muertos guardan cola en la aduana donde ya no quedan banderas, ni barreras bajando a la altura de la traquea. 
Antes, cuando el frío y el invierno y los ratos gélidos, construí sin saberlo quinientos metros de muralla. Ya sabes, el titanio, el hierro, el hormigón alardeando de abrigo. 

Luego, sus ojos y todos los lugares del mundo donde no crece el hielo. Canarias, el caribe, los mofletes, un bizcocho subiendo en el horno. Agosto. 

En las afueras del deshielo hay ahora un trocito de carne viva. Un ciervo joven, una loba que amamanta a sus crías. Osos. Renos dispuestos a tirar de un corazón encima de un trineo. En la superficie de la nieve el sol me desdibuja, una estatua se borra y las lenguas de las diez serpientes que le habitan las manos envenenan la piedra de la que estaba hecha. 

Soy, ahora, menos mundo quieto y más tierra llena. 
Han abierto las fronteras y hay espacio para que un corazón se divierta. 




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