martes, 1 de agosto de 2017

Sólo hay amor, lo demás está fuera.

A veces, cuando ya nada queda entre las ganas, cuando desnuda me aparezco en el espejo, por el pasillo, a los pies de una cama llorando desconsolada. 
A veces, ahí, con un martes pasándote por las sienes, y todos los antes y los que vendrán tan vacíos, tan puros, tan limpios, tan simples. 
A veces, cuando te das cuenta que en el último huracán saliste ilesa a pesar de las brazadas, del rechazo, de la incomodidad. 
A veces, quieta ya en el fondo de la ola. 

Ahí, como siempre, la vida misma subyace entre todo el lodo. 
No eres tú, me repito. 

Hubo una protagonista de serie be, ce, de, e, efe que tú sola has inventado.
La mente, creando conflictos consigo misma. 
Luchando contra la esperanza de que estemos juntos. Como si no lo estuviésemos ya para toda la vida sin vernos ni tocarnos ni olernos ni follarnos. 
Luchando contra la ilusión de que, por fin, un día me quieras como yo quiero que me quieras. Como si no fuese real tu muerte cuando me alejo y te dejo solo en medio de la vida. 
Luchando contra mi propio centro, tan abierto, tan universo, tan desbocado. Como si hubiese alguna rienda que coger que no fueran estas cuerdas con las que yo sola me ahorco. 
Luchando contra mis ideas previamente ideadas. 

A veces, cuando todo lo que has recorrido es un ínfimo paso del que nada sabe el planeta tierra ni marte ni plutón ni la camarera del bar de al lado. 

Entonces, te quiero. 
Como siempre te he amado. 




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