miércoles, 2 de agosto de 2017

O diriges tu locura o tu locura te dirigirá a ti

"En otras palabras, el escritor escribe para salvarse. 
El pintor pinta para no volverse loco. 
El intelectual piensa para no matarse, 
y así, como ellos, 
el resto de los anómalos crean para crearse, 
para poder encajar en una sociedad 
en la que no podrían encajar 
sino le dieran cauce a su locura"



Así es como dirijo mi locura a alguna parte. Es así como evito el vertedero en el que me convierto si fuese al revés, si ella, la locura, tuviera en sus manos todos y cada uno de mis momentos. 
A veces es del otro modo, dejo de existir y el bucle toma las riendas; el resultado es un ser humano que gira como giran los coches y los animales y las casas en las escenas de los tornados. 
Tengo una mente poderosa que se adentra en ella misma para conocerse. 
Un tesoro buscando un tesoro. 
Un volcán soltando lava, explotando, creando algo para derramarse a sí mismo. Para desaparecer, para esfumarse. Pero los volcanes no se destruyen aunque viertan lava y fuego y serpientes y vértigo. Siguen existiendo como montaña, como piedra, arena y vísceras de tierra. 
Hasta que vuelven a llenarse, construirse o lo que sea eso que hacen los putos volcanes. 
Soy un ser humano. Un ser humano. ¿Sabes de lo que hablo?
Hay conciencia observando, en el mejor de los casos. Pero el espectador en este cine deja a menudo de serlo para volverse protagonista en la película. Una y otra vez. Una y otra vez. 

Sé que no estoy loca. 
Pero sé que la locura me asola. 



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