martes, 8 de agosto de 2017

Fuimos islas

Son las nueve de la mañana y vamos a bajar a desayunar. Tenemos planes seis meses marcados en el calendario. Limpiar el trastero y vaciar las hojas del jardín. Vendrán Julia y Pedro a comer, traerán la carne y nosotros pondremos el resto. 
La vida es tan normal como siempre lo fue para todos los demás. Dos enamorados, una casa, mucho verde y apenas se pone la televisión. 

Nosotros venimos de las tinieblas, de laberintos emocionales, mentales, físicos y psíquicos. Pasamos tantos años buscando la salida. ¿Recuerdas? Soñando que nuestra calma estaba en Australia, en Ecuador, al final de Filipinas. Nadie nos dijo que llevábamos dentro  la llave de todos los cerrojos y muros y aduanas que inventamos. En realidad algunos sí nos lo dijeron, pero aún no conocíamos el idioma de lo sencillo, este sonido del silencio en lo simple. Tanta vuelta y tanto drama. 

¿Qué hacemos con tus apuntes de la carrera? Llevan siglos aquí y no los has tocado. Tíralos. 
No pongas las hojas ahí porque se volarán y no habrá servido de nada recogerlas, coño. 

Con el pelo mojado pedimos tostadas y buscas el periódico en las mesas de al lado. Dame un beso. Fresco, nosotros y el beso. Y me acaricias el brazo mientras lees que este es el verano más caluroso de los últimos años. 

Siempre estuvimos juntos en infiernos separados. El calor en las córneas, aquellas ansiedades en el pecho, tanta pastilla, tantos duelos que lloramos sin que hubiésemos perdido nada.

Paga tú que no me he bajado dinero. Ni yo. 

Nos sirvió de tanto sentirnos perdidos y abandonados. Da igual si mañana vuelan las hojas y la prensa y los apuntes de la carrera. Da igual que no volvamos a ver a Julia y a Pedro. Que ni tú ni yo volvamos a desayunar con el pelo mojado. Sabemos que podemos sobrevivir a cualquier naufragio. Juntos o separados. 

No hay comentarios: