martes, 8 de agosto de 2017

En el vacío cabe todo

No voy a ir en contra tuya porque rías y pongas frases célebres en tu muro de internet. No anules lo que me ocurre. Sólo te pido eso, pero sé que para eso lo primero es que no deberías negarte lo que te está ocurriendo. 
¿De verdad que no te atraviesa la tristeza cuando las cosas no te salen como esperabas? Llevo media vida, digo media por sentirme a salvo, luchando contra mis propios sueños. Lo que le gustaría a esta personalidad que me habita no se ha cumplido. Al final decidí que ni siquiera soy la personalidad que me habita. Para poder ir más allá de las frustraciones, de la rabia y del pedrusco en el que me había convertido. 
¿La felicidad qué es para ti? ¿Lo sabes? Porque es un concepto demasiado abstracto para que sepas qué coño estás buscando. ¿No te ha pasado que cuando conseguiste lo soñado la desolación llegó cuando pasaron unos cuantos meses? ¿No fuiste, de nuevo, a conseguir alguna otra cosa? Un hijo, un mejor trabajo, una terraza en una casa hipotecada. Yo hice lo mismo que tú pero persiguiendo la misma cosa porque nunca se me dio. Pero es lo mismo. Correr despavorido para alcanzar algo que seguro que es mejor que este puto momento que se me ha regalado. 

Ya no tengo más ganas de correr porque me doy cuenta que en cada lugar de paso la sensación de carencia fue la misma. ¿Y sabes qué? Que no me falta nada, cojones. Qué puto cansancio. 

Déjame en el descanso. Flotando con el aire que llega, que se va. Con la lluvia calándome, con el tiempo secándome. Déjame aquí, como un embudo con los dos agujeros igual de anchos. Que me traspase lo que hay. Lo que se manifiesta. Sea en mi lo que es. Ya no quiero correr ni frenar ni aminorar el paso ni llegar a la meta. 

No voy a ir en contra tuya por eso. Ni a favor. 


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