viernes, 14 de julio de 2017

La inercia

Y llenar de arena estas olas de mar. 
Llenar los huecos, empujar al instinto. 
Quitarte de en medio y poner un poco de tu parte. 
Mi humilde opinión y los recuerdos de siempre. 
Este abismo, esta condena. 
Esta gratitud, esta fortuna. 
Tan densa. 

Cuando tenía diez años mi cumpleaños no se celebró. 
A los cuarenta me vestí de marilyn. 
El último no lo celebré. 

Llenar los espacios para que no venga el aceite a engrasar las penas. 
Verter sudor en este cuerpo sin tocar. 
Los riñones me pesan, el lumbago se cuela, la mochila, el lastre, la experiencia. 

Porque si no, lloraré hasta que al mar no le queden olas a través de las que saltar. 
Lloraré y lloraré. Y en este nido de pena me refugiaré. 

Me hablé de las flores, de la brisa fresca, de los enamorados.
De un don juan, otra vez del mar. 
Me hablé de no llevar paraguas en las tormentas. 
Del vestido negro de mi madre. 
De mi padre sin querer. 
Del café de Mariano. 
De los bares y los amigos y las risas al atardecer. 
De lo bien que le sienta la soledad a mis ganas de volverte a ver. 

Y así, rimando, me fui acostumbrando a las cosas nuevas. 
A un poquito de humildad. 
Quién soy yo para contar que ya nada podrá sorprender al mar. 

Buscaré y buscaré. Y en este nido vacío me levantaré. 


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