miércoles, 19 de julio de 2017

Centro de gravedad.

"... porque la energía no fluirá
ni recorrerá libre todas las zonas de tu cuerpo..."

A ver si va a ser eso lo que me ocurre por haberme pasado más de no se cuantos mil años con la barriga encogida. Hacia 'dentro'. 

Reconozco contener la respiración desde que me acuerdo. Meto vientre. Haya público, foto, miradas, o ande yo más sola que la luna por el pasillo de casa. 
En bañador, en pijama, en bufanda rodeándome la cara. Vestido entallado, plisado o cutre chandal para correr por la playa. 

Libre circulación de la energía, decía el artículo. 

Tengo la extraña sensación de haberme escondido detrás de todos los árboles del planeta. Y ahora que nos estamos quedando huérfanos de verde mi abdomen sobresale infinitos kilómetros más allá de lo que lo hacía antes. 

Escribo esto en bragas y sujetador, con una inmensa balsa de vísceras irrumpiendo bajo el cristal del pupitre donde se apoya el teclado. Me avergüenzo. No hay nadie más que mis ojos fúnebres sentenciando cadena perpetua para mí y para mi vientre. 

Cuando pesaba toneladas más que ahora la sensación era la misma. Encógete, escóndete. La rigidez se apoderó de mi cuerpo intentando someterlo a un molde. ¿Cuál? No sé. Uno que me inventé. 

Tener barriga como síntoma de vida. 
Tener ahí el centro de gravedad y tratarlo como una esponja apretada hasta la saciedad. ¿Qué quieres obtener? Cuánto tiempo más vas a licuarte como una manzana estrujada en la batidora. 

No sé. Gustar, pensé. Lo que yo quería era gustarle a alguien. Porque a ese alguien a quien quiero gustarle odia las barrigas, ¿sabes? Las odia profundamente. 
Quizá es eso. 
Y quizá sea también lo otro. 
No saber quién soy, qué quiero, de dónde vengo y todo ese vacío existencial que lleno con helados de chocolate y nueces y fresa y miel en las noches de soledad. 

He empezado a soltar. Más bien, utilizando los árboles y la manzana de antes, algo madura dentro y se deja caer. 
Por eso empiezo a tener la barriga suelta y ya no espero que tú vengas. Tal vez haya alguien al que le gusten las panzas sueltas, fofas, flácidas y se enamore de esta mujer pegada a un enorme vientre que ama los helados. 

Tal vez hasta yo me guste así. 
Tan llena.
Tan plena.
Con toda la barriga fuera. 




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