lunes, 20 de marzo de 2017

Lo que queda

A veces piens... siento en ti.
A veces, cuando él me abraza aparece tu barba entre las manos. Una putada. Parecen pinchas estropeando la flor de un almendro.
A veces vienes. Apareces. Y transformo su cara en tu jodida máscara con la que jamás me tocaste como él me traspasa. Si tú fueras lo que es él desde que nos encontramos.
A veces vuelven las preguntas a cargarse este destino.
Por qué no pudo habitar en ti lo que le asola a él.

Dice madremía cada vez que me mira. Y sopla y resopla muchas veces. Y susurra que jamás se había sentido tan querido. Ni queriendo tanto.
En mí hay presente. No voy a ningún lugar. Hace calor en sus abrazos y es un refugio hasta para cuando no tengo frío. Es una casa con brazos. Yo la rama que sostiene la flor del almendro.

Pero no siento.
No siento.
No siento.

Estoy bien sosteniendo algo de vida, moviendo oxígeno, sirviendo de ejemplo.

Pero no siento.
No siento.
No siento.

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