sábado, 17 de diciembre de 2016

¿Romántica yo?

No soy romántica. Tampoco es que sepa muy bien lo que es. 
Un día una amiga me contó que la noche en la que conoció a aquel chico, entraron en la catedral y él encendió una vela. Mirándola le dijo: Por todos los comienzos contigo. Vomité cuando me lo contó. Yo me hubiera quemado a lo bonzo con la vela y con los deseos. 

No soy romántica. 

A mi me gustan las alfombras delante de las chimeneas con un nosotros encima. Me gustan las personas viejecitas cogidas de la mano. Me gustan dos copas de vino. Y dos sillas. Una manta. Y hacer el amor lento y salvaje. Me gusta conversar. Hablar. Mirar. Me gusta otro corazón con ganas de gustarme. Y rozar unos dedos porque abrimos a la vez la nevera en esa playa de la que hablan tan bien. Y discutir. Pelear. Las putas zapatillas sin sacar a lavar y joder, te tocaba a ti anoche fregar. Me gusta muchísimo estar sola y echarte de menos. O tal vez no. Aunque después sí. A mi me gustan los presentes más que los futuros felices. Más que las promesas de doce rosas a tres euros la flor. Las aceras, las líneas de la carretera, las señales, los escaparates, las farolas y todas las sombras que siempre deja la luz. 

No soy romántica. O sí. me da bastante igual. 

¿Sabes qué se siente al meter el pollo en el horno mientras bailas? Yo tampoco. Pero lo vi en un video que me mandó otra amiga y también me gustó. Yo quizá no sirvo para vuelos a disneyland en navidad, ni para esparcir pétalos por el colchón. Ni le daré un triste beso al espejo del baño para que oh, cuando te duches y se te llene todo de vaho veas que escribí te quiero con ká debajo de la boquita de piñón. 

A mi lo que me gusta es todo lo demás. Que el despertador los lunes es una mierda ya lo sé. Que cada vez cuesta más llegar a fin de mes también. Y que alguna vez tendremos que ir camino del hospital a dios sabe qué. 
Me gusta la vida. 
Con sus cosas. 
Y sobre todo con alguien al lado. 


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