lunes, 5 de diciembre de 2016

Quebranto

Dice una viñeta de alguien a quien quiero mucho: 

'Lo malo de tener grandísimos amigos es que luego
los demás te parecen un poco gilipollas'

Se va. Ella se va el domingo a ese país del norte que sale en los cuentos de hadas. Se va a probar suerte, a probar idioma, a probar compañía, a probar la vida desde ese rincón. 
El abandono es algo que nunca he abandonado del todo. La sensación, me refiero. 
Se va después de estar dos meses en el mismo lado que yo. Volvió de Madrid, descansó y se marchará. 
El lunes de la semana que viene no tendrá nada que ver con estos lunes cercanos. Cuando está conmigo, en la vida diaria, la gráfica, la real, la rutinaria, todo cobra un brillo similar a los filtros que le pasas a las fotos cuando quieres que mejoren. La foto no es mala, pero si la mejoras, ay, qué bonita. 
Pues así. 
Todo se apagará un poco. Lo sé. Luego los ojos se acostumbran a ese descafeinado de los desayunos, a ese desnatado de los episodios, a ese sabor a soso en los recuerdos. 
Se va. 
Y la vida es menos vida en su ausencia. Lo sé porque Madrid ya se la llevó hace años y me quedé con el blanco y negro de las tardes. Y claro que no hubo muerte ni entierro, pero sí tuve que pasear el duelo. 
Hablar de la amistad es absurdo. Me refiero a que se queda corto. Es un trozo de mi. Una pierna, un brazo, el lado derecho del corazón. Y así seguirá siendo. Pero me gusta mirarme en los espejos donde se ve mi cuerpo entero. Y el lunes mi imagen, hasta que la rutina del despertador no se acomode en los otros relojes, será la que aparece en los trocitos de los espejos que se rompen. 


3 comentarios:

Poetílica dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Poetílica dijo...

a veces el fiel abandono resulta más llevadera una "no-compañía"
Buen texto! un besazo.

Nebroa dijo...

Tal cual Poetílica... Es mejor un abandono que acompañar la soledad :)