viernes, 11 de noviembre de 2016

Hecho

Y entonces me doy cuenta del boicoteador interno. 
Del francotirador que espera que entres en acción para meterte algún tiro en la frente. 
O en las tripas. 
El que pone del revés tus planes. 
El que te dice que no mereces la pena. 
O que la mereces, pero en pequeño. 

Y entonces me doy cuenta de que la única manera de no permitir que lleve las riendas es haciendo. 
El verbo 'hacer' está muy desvalorado en esta puta sociedad que me inventé conmigo misma. 
Hasta que me dejé de frases bonitas en los textos y eché un par de troncos más al fuego para avivarme un rato. 
Y hago, hago, hago. 
Única forma indestructible de poner en marcha lo que somos. 
Lo que soy. 
Sea lo que sea aquello con lo que me identifique.
Haz, Ana, haz. 

Y el pensar quedó relegado a segunda línea de playa. Al primero de los perdedores, como decía mi padre cuando llegué con un segundo lugar en la oposición. El pensar queda ahí, enmarañado por las garras de la pantera en la que me convierto cuando hago algo. 

Hacer. Qué bonito suena. 
Y es así como voy construyendo el futuro del que tanto hablaban los libros. Haciéndome a la vez que respiro. No hay nada planeado. Y eso al 'pensar' le pone muy nervioso. 

Y hago. Y vuelvo a hacer. Y hago porque me toca. 

1 comentario:

Manolo Blog dijo...

El verbo "hacer" tiene una mala conjugación en forma pasiva...

Así que mejor conducir... o dirigir... que ser conducido...