sábado, 26 de noviembre de 2016

De la ternura

Me gustaría escribir la cotidianidad de las cosas con esa dulzura con la que ella lo hace. Me gustaría poder mirar el mundo así, primero, para después contártelo. A veces estás en la cama leyendo y ya no estás en la cama. Me voy a un parque, a un supermercado, a la puerta de un colegio. Y soy más feliz leyendo que estando. 
Me gustaría poner un poco de ternura en el nervio óptico, ya sabes. Ternura. Ternura para derribar cadáveres y monstruos y momias y el puto remolino que me hace el flequillo por más que me lo peino. 

De verdad que me gustaría que fuese cálido hablarte de mi. De mis manos tecleando, de mis manos dibujando, de mis manos moviendo el café. ¿A que sería bonito ser dulce y hablar dulce y hacer el amor dulce? No me acuerdo. Pero seguro que es bonito. 

Ahora, con este olor a vinagre entre los dedos, escribo del tiempo que hace que no siento lo que me gusta sentir. Oh, el amor. Dónde estás amor. Dicen los doscientos libros que leí cuando me quería morir que está dentro. Pero sabes? Yo me quiero mucho. Pero no siento eso que anhelo. 

Será la experiencia, tan cargada de abismos que me dejaron exhausta, que a ver de cuál de ellos saco trazos tiernos, dulces, cálidos y afables. Qué bonitas palabras. Y qué lejos.
Juego a las muñecas cuando me meto en la ducha. Me lavo el pelo como cuando de pequeña les mojaba la peluca al millón de barriguitas que tenía en la colección. Tan gorditas, tan pequeñas, tan suaves. Como yo. 

Pero no es lo mismo. No es lo mismo cuidarme que cuidar. 

Podría haberte gustado quererme.

Sería más fácil la soledad. 



2 comentarios:

Miguel Esteban Martínez García dijo...

Bravo sólo puedo decirte ánimo porque hay desasosiego gracias por escribir, brillas y ya no pareces enfadada con tu vida, no he dejado de leerte me disculpo por aquello ojalá encuentres la felicidad aquella que no es un estado mental. Atentamente Miguel Esteban.

Poetílica dijo...

me encanta el toque final!