sábado, 29 de octubre de 2016

Y tantas hojas cayéndose

El color que se huele en el jardín de la puerta del hospital siempre me pone triste. 
El semáforo de enfrente me pilla en rojo. Freno. Y se para casi todo. 
Veo una mujer salir despacio, lleva dos bolsas y una chaqueta roja sobre los hombros. Todas las caras de las personas que salen del hospital tienen el mismo color. Las mismas arrugas. La piel opaca, amarillenta, las ojeras y esos pelos enmarañados en la coronilla. Los sillones del hospital te dejan el cuerpo atascado y duelen las rodillas y se te hinchan los tobillos. 
La mujer de la chaqueta roja se queda quieta bajo el árbol del centro, saca el móvil y le da golpecitos con el dedo índice. Se oye el claxon y para un citroen Xara verde en la parada de los taxis. Se monta. 

Mi semáforo está verde. 
Y avanzo. 
Y luego lloro un poco sin saber si eso es estar triste. Sin saber si de tan libre que me siento me he vuelto agua y me estoy saliendo bajo los párpados. Y la vida es tan ahora que parece que me duelen las personas. Su marido en la trescientos dieciséis de la tercera planta. Y el hijo mayor que hasta el lunes no podrá hablar con el médico. 

Y me encantaría tener un abrazo. 





1 comentario:

Manolo Blog dijo...

Hay ocasiones en las que la vida parece jugar en nuestra contra...