lunes, 24 de octubre de 2016

Y sin embargo

Fue rápidamente al baño justo cuando terminó su canción para que le diese tiempo, entre los aplausos del público y la palabrería que se gastan los cantantes que hacen tributos, a volver antes de la siguiente. 
Y volvió una vez empezada la de después, como siempre pasa, porque rara vez salen los planes como uno quiere, que para eso el tiempo tiene vida propia y avanza y se empequeñece a su antojo sin preguntarte si es mejor ir lento cuando estás follando o si es mejor avanzar raudo y veloz cuando pides una tila en un tanatorio. 
Volvió y sonaba 'Y sin embargo' en una calcomanía de la voz de Sabina y con sus ojos verdes y azules y grises o turquesa dependiendo de la camiseta que se ponga, me dice: Estaba en el baño y he oído a alguien de fuera decir cuando empezaba ésta: "Coño, mi canción"

Y es así como una adivina, averigua, intuye y concluye que aquel hombre de la camisa blanca que veía el homenaje a Sabina en uno de los rincones del Café de Alba debe soñar con muchas mujeres por la noche cuando Maruja ronca a su lado y se acaba de quitar la mascarilla y se retuerce de dolor porque la menopausia y el tiempo se han puesto de acuerdo para hacerse extensos, lentos, largos y duraderos. 

Y es así como una inventa, imagina, idea y encuentra que debajo de la camisa blanca hay un corazón enamorado de una mujer con la que ya no se le aparecen las ganas, ni el instinto ni se le ponen rígidas las tres piernas y le echa un vistazo al tiempo que corre como un galgo y decide subirse a su lomo a creerse que la vida cunde de otro modo si amas a una y follas con no sé cuántas.



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