lunes, 5 de septiembre de 2016

Sueños cortos

Se extiende al sol bajo una de las cuatro palmeras más altas de la playa. Los trazos de la toalla de rizo grueso, del que seca de verdad cuando te quieres secar de verdad, son de colores intensos, rojos, verdes, naranjas. Su pelo libre, sin arena, sin humedad, se amontona entre la toalla y el ínfimo polvo dorado que da forma a la costa. Gafas de sol, labios rojos y el bañador negro hacen de ella la mujer más elegante de la ciudad, no necesita hablar, contar, ni siquiera pasearse, allí, tumbada a la luz natural de la estrella más estrella de todas las estrellas luce tan bella y joven, tan en calma, tan pod...

- ¡Mamá! ¿Dónde están mis zapatillas negras?

Laura cierra la revista del corazón, deja el bol de palomitas encima de la mesa, mete los pies en las chanclas y va a la habitación de Luis.

- Están aquí, debajo de todo este montón de ropa sucia que no te has dignado a sacar a la lavadora. Eres igual que tu padre, menos mal que se fue, al menos sólo estás tú poniéndolo todo por en medio, sin ayudarme nunca, que me tienes como una criada, no soy tu sirvienta, ¿me oyes? A ver si te crees que a mi no me gustaría tumbarme en la playa con la melena al viento y unas gafas de sol, embutida en un bañador negro a ver pasar el aire entre las palmeras. Egoístas sois todos joder. ¿Vas a venir a cenar? ¿O me dejarás igual que ayer con los macarrones puestos en la mesa? He pensado hacer un poco de carne y ensalada, ¿te va bien o quieres otra cosa? Y peínate un poco hijo, que no se note que te acabas de levantar, espera que te traigo el peine. 

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