sábado, 10 de septiembre de 2016

Prender

Empezar despacito, apenas el silencio, susurro tenue anunciando el alba.
Iniciar el vuelo así, a pasos cortos.
Ir desplegando las alas, las aristas primero, transparentar el velo.
Inclinar el alma, esbozar los latidos, perfilar a lo lejos un destino.

Acariciar los dientes detrás de una sonrisa,
con los labios muertos, cansados.
Una leve curva que anuncia el sonido íntimo.
Sutiles los movimientos,
el tintineo de la cucharilla en la taza de un café,
la ceniza cayendo en el cenicero,
una flecha que nace en canción.

Girar la rueda y provocar el ascenso de la melodía,
el volumen, las baquetas, el piano sonando más cerca.
Poner rígidas las rodillas,
mantener el cuerpo firme, esbelto,
alzar la vida en las piernas,
alta,
alta,
alta,
como la luna en los balcones.

Y por fin gritar, aullar,
rugir en las raíces del corazón,
bramar en océano firme,
amordazar la muerte,
y la pena,
y la pena,
y la pena,
como recién salida del útero
de una madre primeriza.

Estoy aquí, entre la armadura de acero
y las nubes de las noches del verano
más verano de todos los veranos.


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