miércoles, 28 de septiembre de 2016

Padres, hijos y otras amistades

¿Sabes? Creo que no sabría hacerlo. Me refiero a hacerlo bien, a mirarle a los ojos cuando tuviera veinte años y se estuviese arreglando para salir a dar una vuelta, al antro de turno, a bailar, a follar, y ver debajo de la sombra de ojos a una buena persona. Una de esas que sabe relacionarse, que sabe decir lo que siente, que piensa por si misma, que no ve tele cinco. 

Ser madre debe ser la hostia, sobre todo si no te crees que el hijo o la hija te pertenecen. Sobre todo si sabes y conoces y sientes que no son tu propiedad. Que los pariste, que te han venido a acompañar y que al principio dependen de ti para amamantarlos. Que ambos pasearéis por el planeta, juntos, flipando con todo este tinglado, con el sol, con el agua caliente saliendo de la ducha, con el olor de las tostadas, con el atardecer, con el mar, con el brillo de los ojos ajenos, con el dolor de tripa que dan las risas. Ya me entiendes, todas esas maravillas.

Ser padre o madre y creerte dueño y señor de esos ojitos verdes recién abiertos debe ser un peso tan enorme que cualquiera aprende así lo que es la libertad. Si al final te confundes, si crees que son 'míos y sólo míos' irás por ahí queriendo cuidarlos. Y protegerlos. Y todo ese desastre. 
Como haces con tu puto coche. Que no se me arañe. Que esté limpio. Que huela a nuevo. Que por muchos años que pasen siga aparentando menos, por si lo vendo, por si ligo más, por si oh! ojalá corriese más y ojalá que no hiciera tanto ruido al arrancarlo. 
O como haces con tu teléfono. Ayayay! que sea el mejor, el más innovador, el que tenga millones de aplicaciones, el que sirva para todo, el más brillante.

No sé. 

Cuando digo que no sabría hacerlo, lo de 'criar' a una buena persona, habla la que se creería dueña. Única responsable de sus posesiones y pertenencias. 

Cuando digo que debe ser la hostia lo de 'acompañar' a una persona, la que habla es la mujer más libre de todas las mujeres libres de la tierra. Yo, la madre que me habita, aunque nadie me llame mamá y me vaya a morir sin escuchar esa palabra. 



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