lunes, 5 de septiembre de 2016

Memoria selectiva y su puta madre

Pues que hay muchas cosas de las que no me acuerdo, del todo me refiero. Si fuese todo ni siquiera mencionaría que no las recuerdo. Qué cosas, pium, ¿no lo recuerdas? No existió. Y todavía vamos por ahí creyendo que tenemos una historia completita, bien llena de tragedias, de acantilados, de ventiscas. Mira que si sólo recuerdas esa parte. Menudo coñazo. 

Hay muchas cosas que no recuerdo, me pasa, a veces, que me llega el titular de la escena: Ah sí! yo trabajé con usted. Y el usted me dice que fue en el 2.003, que yo tenía el pelo corto y que aún no utilizaba el ordenador para dibujar. De verdad que la sensación es extraña. ¿De quién me está hablando este tipo? ¿Cuál de todos mis personajes era por aquel entonces? Tomaba medicación, seguro, y escribía en blocs de papel con portadas negras un montón de penas. Besaba a alguien? Tenía ilusiones? Y entonces miro algún álbum de fotos para ver si mirándome el aspecto logro recordar qué me taladraba el corazón. 

Es extraño, de verdad, recordar sólo una parte, tener atisbos de quién fui, no tener ni puta idea de qué me trajo hasta aquí. Casi siempre me recuerdo como un alma en pena a la que le han dejado un establo lleno de caballos y no logra sujetarlos, ni dentro, ni fuera, ni en medio. 
Casi siempre me recuerdo encima de alguno de ellos, galopando salvajes por la vida, enfadada con la vida, aburrida de la vida, preguntándome por la vida, buscándole el sentido a la vida. Siempre encima de caballos que no han pisado el establo en los trescientos últimos años. 

Le regalé aquella canción que detestó cuando nos perdimos en el descampado, y viajé a Barcelona a ver si en la estación de Sants le daba por empezar a quererme de verdad. Y lo dejé abandonado en el piso franco de la ciudad del sur, y le dije que me quería suicidar y me alentó a hacerlo para poder admirarme por ello. ¿Por qué recuerdo con más claridad las películas de terror? ¿Por qué no lo liviano para poder mirar atrás sin estas toneladas de hierro acompañándome en cada paso? A quién pertenece mi memoria, quién elige lo que ha de quedarse en ella? 

Si me dieran a elegir, ay, si me dieran a elegir, me libraría de ella. 


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