miércoles, 28 de septiembre de 2016

Los erroraciertos

La ha llevado a Irlanda por su cumpleaños. Once años después de aquel nosotros que sólo rugía en mi, ambos sonríen delante del atardecer en la quinta foto del facebook. De verdad que me alegro, no sé por qué, pero sonrío cuando le veo sonriendo. Parece mentira pero es de verdad. 

Su yo del pasado fue uno de los soldados crueles por los que me dejé dañar. Estábamos lejos, en kilómetros y en proyectos. Pero ay, aquella yo, persiguiendo siempre los imposibles, me metí en su camisa y me llevé todos los palos que pueden dar las once varas. Le tengo especial cariño a aquella conversación telefónica en la que yo, suspirando cual bella princesa, le pedí cariño y él, bostezando cual bello durmiente, me dio la solución: cómprate un perro. 

Le debí hacer caso por aquel entonces. Por huir de los pelos de los perros, me tragué madejas de ellos, del mío, mi pelo enmarañado y mi capa de heroína desquiciada. Que me quieras, te he dicho. Que me ames profundamente, me oyes? Y él, como el resto de soldados del ejército de malignos, que sí, que ya, que enseguida, que me dejes. 

Éramos tan inconscientes como jóvenes. Yo me arrepentí de muchas cosas después. Él dice que también. Aunque si hay uno que lo hizo peor que el otro, descuida, él siempre dirá que el título me lo debo quedar yo, que para eso era más guapa, más lista, más alta y más quéséyo. 

Ahora, que el pasado tiñe los recuerdos de marrón claro y no tan oscuros casi negro como cuando los vives, pues mira, que no. Que mejor ambos dos, que tú tenías la guillotina y yo quería probar nuevas formas de morir. Sin un tú no podía existir yo. Y sin una yo no podías existir tú y tus látigos y tus afilados labios ladrando tanto. Diferencias miles. Yo buscaba cobijo y tú buscabas sentirte como dios. Y así fue. No digo que fueses el malo de la peli de antena tres y yo la maltratada de serie b. Pero siendo tan guapo, tan listo, tan alto y tan quéséyo, me podías haber dicho que sólo querías pasar el rato cuando yo cogía todos los trenes de la estación.

Creció. Y yo crecí. Ya no somos los mismos, por eso él la ha llevado a Irlanda y yo por fin, puedo viajar sola a donde me proponga. 


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