miércoles, 28 de septiembre de 2016

Las pupilas se dilatan en la oscuridad

Sí, sí, sí, claro que me asomo a la posibilidad que podría hacerme daño. Me asomo porque prefiero sentir que tener miedo a lo que sentiré. A veces me invento (porque no me lo dices) que ya te refugias en la falda de otra mujer. Y me meto de lleno en los pesares. Cuando me asomo como las viejecitas que se asoman a las ventanas por la rendija pequeña a ver si oyen algo, me da tanto miedo que suelo paralizarme. O vivir así como de puntillas. Si abro la ventana, entiéndase abrir la ventana como rendirse ante los propios pensamientos o sentimientos presentes, la bocanada asusta, negra como los grillos me abraza de tal forma que oh dios mío, voy a morir. 
Pero logro mantenerme en la tormenta y respirando, logro saberme fuera de ella. 

Ejemplo gráfico. Se me pasa por la cabeza la imagen de tu cuerpo encima de otro cuerpo, tu sonrisa de medio lado y tus flacas piernas desnudas. Me asusto. Me pongo a hacer otra cosa para salir corriendo de ahí. Me lleno de padel, de paseo, de bici, de viñetas. Al mínimo resquicio, la idea-imagen vuelve a aparecer. Y yo vuelvo a 'huir' de lo que me habita. No pienses en eso Ana, que duele. 
Y yo, al estar tan harta de dolores y penas, lo último que quiero es huir. Si huyes es que algo te persigue. Y también estoy hasta los cojones de correr. Y entonces decido quedarme en mi y en todo lo que se me pasa por la cabeza. Me quedo y me pregunto cosas: por qué te duele tanto. Dónde te duele cuando dices que te duele? Eres tú o eres lo que fuiste?... Y ante los primeros latidos alborotados de un corazón dañado, algo permanece estanco. Ya no me asusta la imagen. Y entonces puedo volver a respirar sin huir a ninguna parte. Sin escapar de mi. 

A veces mis pensamientos son como una esponja. Si tienes una esponja estrujada, parece pequeña. Pero no puedes estar apretándola siempre, y cuando la 'suelto', el efecto rebote es tal que la esponja triplica el tamaño. Se hincha. Cuando hago eso con mis pensamientos, luego gritan más, hacen más ruido, me explota la cabeza. 

Así que sí, me asomo a la posibilidad de que le estés diciendo te quiero a otra mujer. Y después de este experimento en carne propia puedo decir que hace un par de meses pensar en eso me producía presión en el pecho y falta de oxígeno. Y que hoy, ahora mismo, sigo sintiendo presión pero puedo respirar en modo normal. Es como vencer al monstruo acercándote poco a poco y conociéndolo en todo su esplendor. A veces es la única manera de vencerlo. Incluso, con el tiempo, te preguntas cómo es que pudo ahí haber un monstruo. Otras veces funciona salir corriendo, supongo. Pero en este caso opté por la primera opción. Y fue bueno adentrarme en mi para vencer algunas de mis sombras.

3 comentarios:

Bubo dijo...

Pensar, imaginar, soñar, y por supuesto los "y si..." nos hacen daño. ¡Mucho daño! Lo peor es que nos aferramos a ellos. Lo pasamos tan mal con la imaginación que cuando llega la realidad ni siquiera duele tanto. Pero también hacemos daño con esa imaginación. La persona que hemos visto decir Te quiero a otra, o a otro, no puede ser la misma que en la que confiabamos plenamente hace solo dos días. Quizá ella no ha cambiado, no le ha dicho a nadie nada, ni si quiera le llama la atención otra persona que no seamos nosotros pero en nuestra cabeza ya se ha producido un cambio. Somos nosotros quienes hacemos daño al otro y por su puesto a nosotros mismos. Nos gusta hacernos sufrir para no sufrir tanto.

Uyss, y lo dejo ya que el tema me viene también de cerca y le voy a destrozar el blog.
Un abrazo.


PD. Lo mejor, siempre es preguntar.

Nebroa dijo...

Totalmente de acuerdo contigo! :)
No es contradictorio lo que digo con lo que dices, es cierto, a veces nos montamos la película mental,sufrimos un poco,o un mucho y no sólo eso sino que además esa imaginación controla el resto de las acciones que parecen ser nuestras pero que actúan en modo automático después de haber pensado y sentido semejante peli de ficción. En el caso que cuento soy consciente de mi invención, consciente de estar creando una realidad que ni siquiera sé si existe (incluso es probable que no)... Observo de frente al miedo, al mío, y el miedo nada tiene que ver con las acciones externas, es propio e íntimo y en el es en el que me meto y buceo. En mi misma. Es ahí, en el poder de la auto observación donde puedo liberarme de el. Al final es un asunto entre mis sombras y yo en lo que a veces poco tiene que ver lo que haga el otro, pobre ignorante de mis mierdas, con su vida.
No sé si he logrado explicarme bien! Para mí si jaja pero no sé si llega como quiero expresarlo!
Saludooos!!

Bubo dijo...

Quizá para alguien a quien no le pase eso pueda ocasionar dudas. A mi se me ha quedado clarito desde la primera lectura.