domingo, 25 de septiembre de 2016

De cómo la manzana sana no puede sanar a las demás


Y ahí vamos, caminando por un mundo que ya no se acuerda de lo que era el respeto. 
Sabes lo que es eso? Sabes lo que es dejar libres a los pájaros? Al verde de las hojas, al amarillo del mar a media tarde. A los zapatos de tacón de tu vecina. A las cejas pobladas, a los ojos tristes, a los padres decepcionados. A los gordos, a los pelirrojos. 


Pero ya nadie sabe lo que quieren los pájaros. Qué es para ellos ser libre, preguntan los humanos en serie recién salidos del horno de las calcomanías. Uno se mira al espejo y se dice cosas a sí mismo. Y nada más. Escuchar está sobrevalorado, dicen los sordos. 

Ayer un montón de gente paseaba a 'sus' perros disfrazados. ¿Sabes lo que es eso? Disfrazados. Cómo no van a hacerlo, si hacen lo mismo con sus pieles de vértigo. Los terrícolas se visten de algo, capas de héroes, neopreno para las tripas, terciopelo en la americana y un buen sombrero de ala ancha. Y se pasean por ahí para que les den premios, para que los quieran, los valoren, los estimen. Compiten. ¿Sabes, de nuevo, lo que es eso? Raza de competición. Si tú pierdes, yo gano. Se baja el telón.

Quiero aprender cosas nuevas. Estás fatal. Eso es lo que he oído en la puerta del horno. Y a veces, cuando mi brújula apunta al vacío, ese 'fatal' tiene vida propia. Y me lo traigo a casa, al sofá, a la cama y hay fango por todos los rincones de mis sienes. 

Aene me manda un mensaje pidiéndome algo de luz, por favor. Le hablo, le cuento, recuerdo cómo salgo yo de los túneles en los que me meto y se lo susurro al oído, por si le sirve. ¿Sabes qué? No he leído ninguno de tus mensajes, sólo quiero algo de luz, ¿me la puedes dar? me repite. Sólo quiero que me digas que te acuerdas de mi, que habito tu mente, que quieres besarme y que me echas de menos. 
Yo no tengo esa luz que buscas. Vale, adiós. Y Aene se enfada conmigo. Se enfada mucho. 

¿Dónde está mi sitio? ¿Recuerdas las filas del colegio antes de que sonara la campana? Yo no estoy en ninguna de las clases. Hay cartelitos por todos sitios, 1ºA, 3ºB, 4ºF... ¿Dónde vas a colocarte Ana? Y Ana se queda en el patio, al lado de las lombrices que buscan bajo tierra algo que llevarse a la boca, a la cola, al corazón. ¿Tienen corazón las lombrices? Yo sí, uno muy grande y muy ingenuo y muy rojo. Está rodeado de cieno, pero está sano. Sirve para latir. Y estoy de su lado, pum, pum, pum. Acelerado, en calma, acelerado, en calma. Si quieres, te lo muestro, creo que te encantará. 


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