viernes, 19 de agosto de 2016

Tengo un amigo imaginario

Pero ya no tengo miedo...

Qué cojones, claro que lo tengo.
Lo que pasa es que bueno, vale, lo que tú digas,
lo trato como al amigo cansino que se va contigo
cuando no quieres que se venga.

Pues vale, vente.
Yo voy a ir a no sé dónde,
luego iré allí,
y después me vendré a dormir.
Vente si quieres,
total, te vas a venir igual,
pero una cosa es que vengas
y otra que decidas.

Y allá que voy yo con mi miedo
tan fresca,
y tan cansada,
y tan valiente,
y tan diosmío quévaaserdemi.

A veces el futuro se parece a algo muy negro,
y otras veces ni siquiera me lo imagino.
Porque como tengo el miedo en las piernas,
y en la mente,
y en los circuitos neuronales,
y en las resonancias,
y en los análisis,
y en las ecografías del estómago,
pues no puedo ver más allá de esto.

Y mira que lo intento,
le digo: A ver, te apartas un momento?
Pero nanai, el muy cabrón se duplica,
y se pone gordo como un león, como un tiburón, como todo lo que termina en on.
Y claro, no veo nada más que a él.

Pero y qué?
Me importa una mierda que estés, que te vengas, que hagas de mi lo que no me gusta ser.
Me importa una mierda que seas en mí, que me taladres, que te metas, que me inundes.
Detrás de ti seguramente habrá...
Ni idea de lo que habrá,
pero lo descubriré,
aunque luego no haya absolutamente nada,
yo voy a asomarme a la vida y a ver qué tal.

Que a ti ya te conozco y mira, cabrón, éste es el lugar al que me has traído.
Vente si quieres, pero ahora conduzco yo.






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