lunes, 15 de agosto de 2016

Sucesora de un dios (I)

Ustedes no tienen la suerte de tener un padre que lo sabe todo. 
La vida es distinta cuando eres hija de un dios. De un sabio. De un héroe. 

Es cierto que quizá se parezca a los suyos en la experiencia, en la nobleza, en la generosidad desmedida que sólo los padres con título poseen. 
El mío, continuamente, me recuerda que todas esas cosas tiene. Esas y algunos millones de virtudes más. 
Así favorece que yo mantenga en marcha mi capacidad de recordar, para que no se me olvide nunca. Me ayuda con el buen funcionamiento de mi cerebro. 

Ay... si no fuera por eso. 

También me dice, a menudo, que es humilde, porque hace muchas cosas por mi y no me las está recordando a cada momento. Eso me dice. 
Intuyo, permítanme, que es un poco mejor que el de ustedes porque no se equivoca jamás. Los fallos nunca son sus fallos, son de otros, pobres humanos sin estudios, sin cabeza, sin lo que hay que tener. Porque él los tiene bien puestos. Eso también me lo dice.
Junto con que es un hombre como los de antes, un caballero de los que da la mano y firma pactos por el estado mayor, y que no se parece en nada a los hombres con los que yo me he relacionado, que no sé cómo he estado yo para escoger a semejantes tipos. Con lo grande que es mi padre. 

Ay.

También tiene el poder de dondedijedigodigodiego. Y le puede dar la vuelta con un triple mortal atrás a lo que escuché para mostrarme que no puedo ir por ahí cometiendo esos errores en las conversaciones. Me cuida mucho. 
Tiene muy en cuenta también mi sensibilidad, y si me ve llorar me avisa de que es demasiado repetitivo y que quizás me aburra de ser una amargada. Me lleva muchas veces en su corazón, siempre soy la primera de la que se acuerda cuando se aburre, piensa en cómo puedo yo vivir tan aburrida como a él le parece. 

Ay (dos 'ay', o tres)

Ustedes no tienen la suerte de tener un padre así. Y me sabe mal por ustedes, créanme, porque si lo tuvieran, siempre llevarían consigo la capacidad de exigirse ferozmente que deben ser perfectos en cada una de las cosas que emprendan. Y eso, como ya sabrá la audiencia, es básico para triunfar en la vida si quieres billetes. A mi padre le gusta mucho la palabra 'billetes', mucho más que la palabra 'dinero'. Hay diferencias entre las dos pero ustedes no las saben porque no tienen un padre como yo. 

Ay, ay, ay, ay, ay, ay infinito ay. 



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