miércoles, 3 de agosto de 2016

Repetición de soledad

Sé que te echaré mucho de menos y que cuando suene Quique se me llenará la habitación de pena. Sé de las agonías en el pecho y de los vacíos que dormirán a mi vera. Sé que vendrán tardes de invierno de cuarenta grados a la sombra y que llenaré de letras un montón de folios y que luego haré con ellos aviones de papel, y que pensaré en quemarlos junto con el liguero que nunca estrené.
Sé que será difícil, complicado y sinónimos varios que darán cuerpo a la ausencia.
Sé todo eso porque ya lo sentí y la memoria, como las notas de la nevera, me recuerda a cada instante lo que sí y lo que probablemente no.

Sé que no querré que vengas a repetir miserias en tu boquita de nuez. Sé que no recibiré mensajes de alcohol nocturno con miserables declaraciones de amor. Sé que no vas a quererme más de los cinco minutos de rigor, que no es tu labor aprender a querer y que no hay vendaval en el mundo mundial que vaya a derretirte la coraza que llevas en modo camisa de fuerza.

Y también sé que la vida es infinitamente más grande que yo y que siempre se abre camino al andar, que ya lo decía el poeta, y que Ítaca contigo no era Ítaca, ni una pequeña aldea esperándonos después de volar. Y sé que un día de mayo, o de diciembre o de cualquier otro mes, vendré aquí a deletrear lo de estos son los últimos versos que te escribo y que aún escribiéndote todas las mañanas hasta el día que me muera (que suena grandilocuente y dramático como moi), yo ya no pertenezco a esta historia.