miércoles, 3 de agosto de 2016

Noelia

La vi en no me acuerdo dónde pero sé que la vi.

Dos ojos-toneladas de amor adornando su cabeza en forma de cascabel.
Suena y se mueve y dialoga entonando una melodía silenciosa que te asola las pestañas.
Tus pestañas no son pestañas comparadas con las de ella. Tal cual, por mucho que te joda. Tiene como protección para las pupilas, dos plumas del ave más grande que acabes de imaginar.
Se llama no me acuerdo cómo (no es cierto, se llama Noelia) pero sé que tiene uno de esos nombres que no se olvidan.

Supongo que no existe nada similar a su dulzura, que la hace única entre los vivos. Y ya, ya sé que su zona oscura anda suelta entre sus huesos, pero sin ni siquiera ver las malas formas que se gasta, sé que también ahí le sonará la música entre las palabras.

Como cuerdas vocales debe tener dos cuerdas de arpa, o de violín, o dos baquetas de batería de rock. Pero es que Noelia suena. Suena aunque se te duerma si le acaricias el pelo.

Ja... El pelo... Una leona humana rugiendo en Valladolid cuando baja a comprar el pan. Un laberinto de seda, una madeja de lana naranja, una densa cumbre que algunos alquilarían para vivir.

Acabo de enterarme que cumple años, y no sé por qué, ni para qué, pero quería escribirle desde ese rincón de la existencia donde sé que alguna vez no me acuerdo cuándo, vivimos y fuimos juntas.

1 comentario:

Noelia dijo...

Ana... que las palabras se me quedan cortas...

Gracias por este regalo. Pami pasiempre.