viernes, 19 de agosto de 2016

Naces

Y teniendo ahí, la vida misma entre las costillas,
construyes con ellas una cárcel,
barrotes de hueso y marfil y el rojo de tu sangre.
Conformas un huracán con tus putos días,
y las prisas y el vendaval de las urgencias
y el mal aire con el que miras al resto.

Teniendo ahí, el amor...
El amor.
¿Sabes lo que es eso?
No.
Si lo supieras las canciones no serian ruido,
y amarías a los bebés gorditos de tus amigos,
y cocinarías pescado fresco,
y danzarías por las noches,
y cerrarías los ojos despacio,
y pisarías tierra firme al bajarte de la cama.

Teniendo ahí, el amor chispeando en tu traquea,
te abrazarías en el espejo,
te susurrarías nanas al oído,
y te apretarías la barbilla
diciéndote que en tu puta vida
has visto algo más bello que tú mismo.

Hazlo. No dejes de hacerlo.
Aunque sea muriéndote mientras lo buscas,
aunque sólo sea porque lo has leído en un libro,
porque alguien dijo una vez,
porque quizás,
porque tal vez,
porque no sé.
Pero hazlo, no dejes de hacerlo,
probar a ser nuevo,
otro,
como si te murieras y nacieras de nuevo.
De hecho es que cada vez que duermes
lo que ocurre es eso.
Que se te estrena el amor en cada bostezo.

El amor.
El amor.
El amor.