viernes, 5 de agosto de 2016

Estar

Y estás ahí esperando no sé qué, que en la bandeja de correo haya un uno en negrita, que suene un guasap, que te llame alguien aunque luego no lo cojas. Estás ahí, después de ponerte siete de las canciones que más te gustan. Después de trabajar, después de escribir, de dibujar, de regar las macetas. Estás ahí, en medio del ahoramismo. 

Casi siempre me falta algo. No me falta, ya lo , pero yo lo siento.  

Escuchas un coche en la calle, para el motor, se oyen pasos por la acera. Será él? vendrá a buscarme?
Él no está, hace tiempo que se fue. Pones a Serrat y lloras un poco con Lucía. Se me aburre la identidad. ¿Qué podríamos hacer esta noche? Salir a cenar de nuevo, escucharnos decir las mismas mierdas que la semana pasada. Podríamos buscarnos algo divertido que nos saque de esta sensación de vacío infernal. Pero no funciona, porque luego vuelves a casa y sales a la terraza y te fumas un cigarro y querrías ser una de esas estrellas que miras y que tanto brillan. O mudarte a Plutón como los otros viernes. 

Casi siempre le echo la culpa al (des) amor. No me falta, ya lo , pero yo siento que un poco sí.  

Optas por permanecer inmóvil ante el vendaval de historietas que te cuentas. Te duchas, te haces una limpieza de cara o te afeitas las piernas. Echas de menos sin tener ni puta idea de qué es lo que estás echando de menos, así que como nada es coherente y ni siquiera entiendes ni un poquito algo de lo que estás sintiendo te tapas las orejas y respiras. 
Estoy viva. 
Supongo que es suficiente para atravesar un ahoramismo demasiado incómodo como para disfrutar y reírte y saltar a la comba y expandir felicidad por el mundo mundanal. 






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