viernes, 1 de julio de 2016

Me acuerdo de ti. Madrid está muy lejos.
Te echo de menos.
Me pasa siempre que me siento triste. Es por eso que tú tienes, lo que veo en ti, me refiero.
El ímpetu, las ganas de volar, la alegría de abrir una cerveza.
Me acuerdo de ti porque hace días que no hablo con nadie. Digo hablar y escuchar desde esa parte del fondo que muy pocos quieren oír.
Nosotras hablamos poco por teléfono, un pelín más por guasap, pero puedo jurarte que hablo contigo a cada momento. Como cuando nos contamos que tenemos conversaciones con las 'nosotras imaginarias'. Qué me diría Estefa aquí?... Y me salen respuestas.
Supongo que ambas coincidimos en que la otra tiene una parte parecida a alguna propia.
Y supongo que eso es lo que echo de menos ahora.
La parte de mi que, cuando estás, sale fácil, fresca, natural.
La calma, la alegría, el deambular por el ahora con ganas, sin recuerdos de mierdas varias, sin sueños ilusiorios. Movimiento. Camino. Pasos. Uno detrás de otro.

También me acuerdo de ti.
Te echo de menos.
Me pasa cuando miro las plantas de la terraza y veo que alguna ha parido una flor. La vida contigo es más vida que nunca. Es. Sólo eso. Aunque estemos revolcándonos en alguno de los lodos en los que hayamos decidido meternos. Valencia está lejos, el mapa es demasiado extenso y me gustaría traerte de lleno a mis ratos. Rutina contigo. Porque si es contigo, ya te digo yo que no se llamaría rutina.
Echo de menos esa luz que paseas. Será por cómo te arden las manos, por el calor del verano que llevas dentro cuando hace mucho frío.
Me acuerdo de ti porque quiero en mi eso que te veo. Lo tengo, sé que debo tenerlo, pero en tardes de viernes dispersos no me lo encuentro. Aunque me recuerde eh! Estás hecha de la misma luz que Isabel.
A veces ni siquiera tienes que hablar. Sólo ser, por ahí, en medio de la vida. Con tu mar, tus gaviotas, no sé cuántos barcos y el timón.
Supongo que todo eso es lo que echo de menos ahora. La parte de mi que vive en ti. Seguramente están hechas de lo mismo, qué digo, quizá es que son exactamente la misma cosa. La alegría plena por el simple hecho de estar respirando consciente.

Y el caso es que estáis. Vivís conmigo. Incluso desde mucho antes de conoceros. Aunque nos miremos tan poquitas veces a los ojos.



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