sábado, 23 de julio de 2016

Como el día que viniste con palmeras de chocolate.
Como ese día.
Como el día de las entradas para ver a Quique.
Como el del chuletón de Ávila.
No, como ese día no, que fui yo la que te lo pedí, perdón.

Como el día,
decía,
de los aviones de papel.
De los bailes en mi salón,
del liguero,
de la piscina,
del desayuno.

No, perdón.
A partir de los aviones de papel
todo corresponde a mi imaginación.
Empiezo de nuevo.

Como el día aquel en la estación,
como el rato en los baños de la gasolinera.
En el probador.
Como los mil kilómetros al norte.
En tu coche.
Como Pearl Jam en Berlín.
Y en Roma algunos meses después.

Tampoco, perdón de nuevo,
desde la estación
todo corresponde a mi imaginación.

Cómo era entonces?
Era como añadir un sentido más a los otros cinco.
La capacidad para sentir dolor.
Nadie lo menciona en los libros,
en la escuela,
ni en las enciclopedias.

Yo lo aprendí con vos.


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