lunes, 6 de junio de 2016

Se me ocurren frases con las que empezar un texto, a menudo.

Vienen ideas sueltas que podrían desembocar en un párrafo de esos de oh, mira qué bonito salió.

Viene la frase a mi mente y se me queda volando enfrente de los párpados, a la altura de la frente. Treinta segundos. O diez. Aletea como los pajarillos esos que mueven muy rápido las alas y permanecen quietos en el mismo lugar. No sé cómo se llaman. Pues como eso.

Entonces empiezo a elucubrar con el resto de plabras que podrían dar forma a una historia.
Mmm...

'y en plena madrugada surgieron los...'
'porque más vale sentirse querido que vivo...'
'hasta el intestino de tus huesos...'
'pero no teníamos las garras aunque pareciésemos lobos en celo...'

Mierdas parecidas.
No hay manera.

Todo se queda en el aleteo veloz de la frase que no inventé yo, que me fue dada, en el regalo fugaz que se me apareció a la altura de la frente como el pájaro cuyo nombre no recuerdo.

Y sabes? Tengo la sensación de que es como todo lo demás. Como en el amor, como en los trabajos, como en las tareas que quiero emprender. Ocio, descanso, entretenimiento, profesión, amistad, amor amorcito amor. Se me aparecen la escena básica, el inicio, el punto de salida.

Abundantes regaloportunidades.
Qué hago yo?
Joderlas.






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