martes, 14 de junio de 2016

Relato nº no sé qué

Bebo cuatro latas de cerveza al día. Es un poco como el agua. Doy tragos cortitos y la dejo en la puerta del frigo, cualquiera diría que soy adicta, pero vamos, que no. Creo que no.

Mi momento de descanso es la tele, me entretiene. Aunque no sé yo, a veces está puesta y yo me tumbo en el sofá a pensar. Me gusta pensar. No es que me guste, pero no sé hacer otra cosa. Y entonces pienso en la lavadora sin poner, en el patio sin fregar, en mis hijas que no me ayudan, en que las habré educado mal, el que sí me educó mal fue papá, el cabrón, que no me enseñó a nadar, ni a jugar al tenis, decía que era una patosa. Le creí. Sigo sin saber nadar ni jugar al tenis. Tampoco lo necesito, sabes? debí haber estudiado algo, ahora tendría... bueno no tendría nada porque la crisis, total, de nada sirve estudiar hoy en día, no sé por qué me empeño tanto en que mis hijas lo hagan, pobrecillas... Pobrecilla yo. Otra copa de vino, coño, no queda. Una cerveza.

Ya sé que pensáis que bebo para acallar tanta voz. Tampoco te lo voy a reconocer. Bebo porque me gusta el sabor. Mucho. Muchísimo. Pensáis que me he llegado a creer esa excusa. Pero vamos, que no. Que sé que no puedo mover piedras de doscientos kilos. Y yo tengo al menos cuatro de esas en el corazón. Quizá si reparto el dolor en trocitos pequeños me vaya mejor. Un poco para el hígado. Me encantan las pipas también. Con mucha sal. Ahí la sangre se lleva otro trozo y yo puedo descansar. No hago deporte. No leo. Ni hago meditación. Suelo hacer cosas con las que me castigo. A que si todos fuesen como yo no habría terapeutas?. Sé lo que hago, sé lo que me hago. Vivo así. Es mi decisión. Dolida, rota y agónica.

Sabes? Siempre encuentro cosas en las que esconderme de mi. Hay un montón. Trabajar infinitas horas, engancharte al porno, coleccionar bolsitas de azúcar, fumar hierba, la religión, diez capitúlos seguidos de Friends. Buah, infinidad.

Me resulta mucho más fácil encontrar cuevas que asomarme al balcón. No sé hacerlo. No quiero hacerlo más bien. Tengo el control así, de este modo. A veces no, a veces mi padre hace un comentario acerca de lo oveja negra que fui y dios sabe que podría matarlo. Y luego en casa lloro un montón. Bebo un trago corto, dejo la cerveza en la puerta del frigo y me abro la bolsa de pipas.
Se me pasa pronto. También sé que así la vida se va tiñendo de color octubre. No es un color tan feo.

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