lunes, 20 de junio de 2016

Pero nos enredamos tanto que olvidamos quiénes éramos cuando vinimos.
El amor, el respeto. La comprensión, la empatía y todo lo demás. 
Yo creo que somos eso. Aunque nos empeñemos en disimularlo.
Creo que somos eso y que, además, no cuesta hacerlo. Expresarlo. 
De pequeños... Acuérdate cuando eras pequeño. Y si no te acuerdas, observa a algún niño. 
Me refiero a niños sin contaminar. Sin padres que les digan 'va a venir el coco', 'como no comas me enfado', 'qué orgullosa estoy de que sepas escribir con dos años y medio'. 
Digo que si puedes, observes la virginidad de un niño. 
Llora, se descojona, grita, baila, salta, corretea entre los barrotes de la valla del parque. 
Sin más. Sin menos. 

Y luego estamos nosotros. Creyendo que hay que competir todo el rato con los demás. Ser la hostia. Establecemos ideas raras que nos condicionan todo el rato. En no sé dónde tenemos tatuado que debemos ser perfectos y que esa perfección tiene unas características concretas e inamovibles: no llorar, no ser débil, sacar la mejor nota, llevar marcas, ser guapos, saber solucionar todo lo que nos ocurre, estar feliz, risueño, tener dinero, encontrar una relación perfecta, tener muchos amigos, divertirnos los sábados por la noche, coger mucho trabajo, echar más horas que un tonto. No sé, cosas de esas.

Qué aburrimiento. De verdad. 
Qué ascazo. De corazón.

Por eso me gustaba tanto estar con mis sobrinas. Luego también. Pero ya no era eso. 
Las observaba retorcerse dentro de sus cuerpos intentando encajar en modelos definidos. Ya no me decían: tita, vas fatal con el pelo corto. Lo cambiaban por: bueno, no sé, quizá... es que a mi me gusta el pelo largo, no vas mal, aunque a los hombres les gusta el pelo más largo (¿?) Ni cantaban en la mesa ni me abrazaban nada más verme. Quietas, inmóviles, pegadas a un móvil diciéndome por guasap que me querían. Recuerdo un día que mi sobrina de 5 años me vio llorando. Se pegó a mi preguntándome qué me pasaba. No sé, tengo un día triste, tú no tienes días tristes? Y dijo: Yo? No!
Pues eso. 

Yo qué sé, tampoco pretendo que de repente te des cuenta de lo bonito que es el amor, la naturalidad, lo espontaneo. De lo poco que cuesta acariciar y coger de la mano a quien quieres. Haz lo que te salga del nabo, francamente. Pero creo que eso es lo más real si es que hay algo real en ti. Yo aún no sé qué soy, pero voy sabiendo lo que no. Y es bonito para mi. Y lo escribo. 

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