martes, 28 de junio de 2016

"Perdona que te diga pero eso que tú quieres no lo vas a conseguir"...
Me lo dice un profesional cuando rechazo un trabajo que me ofrecía dándole mis razones, mis criterios y mi forma de llevar mis días. Sueñas demasiado dice. Además no pasa nada, hay muchos delineantes que manejan el programa mejor que tú.

No sé si me lo dice para hundirme en la miseria, intentarlo me refiero, o porque realmente lo piensa y lo sabe pero cordialmente me ha dado trabajo los últimos años en un acto de misericordia.

He rechazado el trabajo por varias cosas. La principal es que me siento libre y así quiero seguir sintiéndome. Me anulan los trabajos que me tienen pegada al pc durante más de ocho horas al día. A veces más de seis ya me ponen de mal humor. Y cinco. Sí. Y hay días que hasta tres.

Sé que muy pocos comparten, entienden, comprenden y mucho menos llevan a cabo las mismas pautas que a mi me rigen. Pero es que me es indiferente. Puedo estar equivocada, me lo dicen mis padres, me critican mis hermanos, me dicen loca otros tantos y me etiquetan como inmadura otros mil. Cuando digo que me es indiferente no es desde la soberbia, desde la prepotencia de 'voy a hacer lo que me de la gana y me la sopla vuestra opinión'... Es del lado de que me es indiferente que las ideas de los demás sean otras como para poner en duda las mías. No altera mis esquemas propios el que muchos otros, la inmensa mayoría, opine de modo distinto.

Con la que me acuesto a diario y con la que voy a estar hasta el día del juicio final por la tarde soy yo, la que toma las decisiones, la que acarrea con las consecuencias, la que asume las pérdidas y la que disfruta las ganancias cuando las hay.

Rechazo el trabajo después de haber dicho que sí lo cogía. Las condiciones que hablamos han cambiado, apenas hemos empezado a rodar y me siento libre para volver a decidir, ahora que aún no hemos emprendido el vuelo. Aún así, decido eso buscando alternativas, le ofrezco una persona (con más conocimientos profesionales que yo) para tener cubierto el hueco que puedo dejarle. Pero sabe que me estoy equivocando.

Quizá tenga razón, no puedo saber si estoy en lo correcto o no. En cualquier caso esto depende de lo que consideremos correcto y en base a qué lo juzguemos.

Sólo sé que estoy en lo correcto porque quiero tiempo libre al día. Porque me gusta cumplir los plazos y para ello tendría que trabajar muchas horas. Porque no podré coger otras tareas laborales que me aportan más en creatividad (y en lo económico también). Porque quiero regar las macetas, leer, escribir aquí o allí, coger el teléfono a mis amigos con tiempo de hablar, ir a ver a mi madre y tener una sobremesa en calma con mis padres cuando voy a comer con ellos. Porque quiero hacer deporte, coger la bici, maljugar al padel. Quiero eso. Y otras cosas. Y ese trabajo no me lo permitía en los próximos tres meses. El tiempo es... El tiempo hoy, para mi, es libertad. La nebroa del futuro me agradecerá esta decisión. Y es de las pocas a las que tengo que rendirle cuentas.

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