sábado, 11 de junio de 2016

Has visto los videos estos donde se ve el avance veloz de un dibujo? Que se ve una mano empezando a dibujar y que en un minuto y medio termina la obra? Son apasionantes. Me encantan.

Y luego pienso... Ay Nebroa de mis amores... Así es como te pone a ti que sean las cosas, venga venga, que se solucione esto, que avance esto, que se termine esto, que vaya rápido. Ya. Ahora. Coño.

En los últimos años he aprendido un poco de lo otro. Del recorrido me refiero. De no querer avanzar la vida con la ruletilla del ratón hacia delante. O hacía abajo. Os ha pasado alguna vez que, leyendo algún artículo, la tentación de saber si es muy largo, os ha llevado a darle p'abajo a ver cuánto queda? Pues a mi sí. Con la vida muchas veces quiero hacer lo mismo.

Y este caos en el que lo hemos convertido todo hace esas cosas conmigo. Las prisas. El resultado. El desenlace.

En los últimos años he desaprendido un poco de esto. Del final me refiero.

Esta mañana he ido a pasear en bici. Desde la última vez que cogí una han pasado 5 años. La cogí tres minutos. La anterior ver en el calendario ponía mil novecientos ochenta y seis. Qué lujo moverte. Qué lujo el equilibrio. Qué tostón escucharme por dentro pensar en los kilómetros que voy a recorrer, dónde están los bares de este paseo, dónde lleva este camino, qué calor hace.

Y a la vez el silencio.
Y a la vez el ruido.

Aprendo y desaprendo con una facilidad aplastante.
Y todo sucede cada dos minutos y medio.

Nada, no sirve de nada aprender.
Desaprender me sirve para lo mismo.

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