jueves, 30 de junio de 2016

Hablábamos de la soledad.
Le dije que a veces, en esos momentos en los que me siento perdida en medio del mar tierra, en esos instantes en los que soy luna... tan única, tan íntima, tan sin semejantes... siempre pienso en aniquilar el cuerpo del que tengo enfrente. Deshacer. Devastar. Convertir en polvo su estado sólido. Partículas diminutas. Desintegrar las vísceras, las entrañas, derramar su cuerpo. Humo.

Y entonces también yo convertirme en arena, en desierto, desintegrarme la piel, los músculos, la mujer esqueleto que me sustenta, ser polvo, cenizas. El mismo humo.

Y fundirnos. Y mezclarnos. Y ser uno. Disolvernos.

Lo más parecido a eso es el sexo. La mayor expresión física de todas esas paranoias que cuento.
Estar dentro para ellos.
Rodearte para ellas.

Estamos solos.
Pero ahí no lo estamos tanto.
Aunque sea por un rato.



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