lunes, 20 de junio de 2016

De todos los lugares donde podrías tenerme
vas y eliges la memoria.
Ando metida en cajones, 
como los fármacos de una botica perenne. 

De todos los rincones donde podrías sentirme
vas y eliges los recuerdos.
Con su esquela, su lápida, su epitafio en la maldita tumba despierta.
El olor, los besos, los lunares.
Metiditos en celdas, en zulos, en habitaciones sin puertas.

De todas las esquinas donde podrías tenerme
vas y eliges el pasado. 
Y me traes al ahora, al más tarde, al luego dentro de un rato. 
Me mueves, me vapuleas, me aislas, me sometes, me despiertas.
Al tiempo, a las horas, a los espacios solitarios
que frecuentas por las noches,
cuando nadie te ve, 
cuando nadie te observa.
Yo era esa otra cosa que viste. La de entonces. 
Tan cambiada, tan nueva. 
Como tú. Francotirador del nosotros. 
Nos tenemos en el mismo hueco 
en plenas vísceras, 
en el eje de todas las nuevas historias. 

De todos los lugares donde podría tenerte, 
yo te elijo a cada rato.
Eres tú el que decide aniquilarme a cada instante.
Sin ahora. Sin presente. 


A la mujer-luz que ayer volvió a un Madrid desierto

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