martes, 14 de junio de 2016

Ayer descubrimos que el amor no puede con todo.
Allí sí, en el corazón del corazón sí. De hecho allí sólo hay eso, amor. Y respeto y entendimiento y comprensión, empatía, humanidad, abrazo, unidad.
Ayer descubrimos que aquí, en este mundo de teatros y danzas en donde cada uno juega a ser actor protagonista de trilogías extensas, el amor no puede.
A veces el amor no derriba barreras mentales. A veces el amor se queda a medio camino entre el arco que lo lanza y la diana donde llega. Que puede uno atrincherarse en el 'no voy a perdonarte en la vida' y que el amor parezca ir disfrazado de piedrecita de goma golpeando un muro de titanio.
El titanio lo formas tú. O algo que dice ser tú. Y como el constructor, que es irreal, el muro también lo sea.
Y el amor, como única realidad, juegue en otra liga.

Pero se llama planeta tierra, y jugamos a ir deshaciendo madejas, esas que te cubren todo el rato. Las etiquetas. Las creencias. Las sentencias que llevas en la solapa desde que te pusieron un babero.
Y a veces tardas en desenmascarar lo que eres. Y amas de medio lado. Por tramos. Aunque el de enfrente te esté diciendo que es verdad verdadera que daría por ti la vida entera.

Ayer descubrimos lo que Sabina se ventiló en media canción, que hay identidades incompatibles en este irrepetible instante. Aunque en tu puta vida hayas sentido más amor que en este eterno ahora.

Y seguimos por ahí como si nada, comprando una barra de pan y contando las monedas que te dan en el cambio.

Llévame a Plutón. Ahora.

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