jueves, 12 de mayo de 2016

Sería como darle patadas a un perrito (sin querer queriendo) y luego cuando el perrito venga llorando pues que tú le digas que no es para tanto.

O mejor aún, sería como darle una patada flojita. Y que el perro dijera: Es floja para vos, pero es que vengo de un combate donde justo justísimo me arrancaron el músculo de esa zona. De hecho, yo era tu perro cuando me pasó. Es más, fuiste tú. Me dabas todos los días ahí, no lo recuerdas?

Y entonces digas ah sí. Creo que sí te di. Sin querer. Siempre sin querer.
Oh, vaya, te he vuelto a dar. Pero no llores de nuevo, no? Ha sido flojito.
Ah! Que te quejas? Te sigues quejando por lo mismo? Otra vez? Pero si yo no quería darte. Son cosas que pasan. Deberías entenderme. Pfff... ya te vale, vaya mierda de perro, no aguantas nada.

Y que el perro siguiera ahí. Todos los días.




Pues yo soy el perro.






1 comentario:

Sí es lo que parece dijo...

No se si me recuerdas...aunque no sea así...una cosa te diré: amo tanto a mi perro que gracias a él deje de ser ese perro apaleado del que hablas y en el que me habia ido convirtiendo poco a poco durante más de tres años.

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